Los casos de Puigdemont y Junqueras: a Rey muerto, Rey puesto

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Puigdemont y Junqueras

Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, candidatos de JxCat y ERC al 21-D. Fuente. Europa Press



Los candidatos que presentan los antiguos integrantes de la coalición processista JxSí concurren a estas autonómicas impuestas por Madrid con ninguna opción para presidir la Generalitat en los próximos años. La situación personal de uno y otro no solo es peliaguda en la actualidad, sino que también lo será en el futuro.


Carles Puigdemont sabe que en el momento en que pise suelo español será recluido en prisión preventiva. Y también debería saber que las dos próximas décadas, si le diera por volver, serán un calvario personal en forma de juicios, penas y sanciones administrativas.


Oriol Junqueras ya está probando esa medicina. El que parecía el intocable líder de ERC se encuentra encerrado en la cárcel de Estremera con pocas perspectivas de salir antes de celebrarse el juicio. Su futuro es tan negro como el del propio Puigdemont.


Todo esto lo saben los segundos espadas tanto de PDeCAT como de ERC. Y aunque de puertas a fuera parecen ir todos a una con sus candidatos la realidad es que ya se están moviendo para sustituir al líder por si no vuelve a tiempo -que es lo probable. En política cuando un hueco queda vacío inmediatamente se llena. Y en este momento, no vislumbrándose en breve un nuevo Estado en Catalunya, eso es lo que está ocurriendo.


En ERC Junqueras es el que se ha movido más rápido. Desde la prisión no ha dudado en señalar como sucesora a Marta Rovira. Pero parece que el invento no le ha salido bien -o bastante mal, mejor dicho- por falta de preparación de la señora. Y parece que Carles Mundó es el que ha empezado a llenar el vacío -aunque puede que por poco tiempo puesto que también tiene problemas judiciales.


En el PDeCAT la cosa está más confusa. Carles quiere ser investido aunque no gane las elecciones. Y contra esa idea tan rara si ya es difícil luchar desde fuera de la formación -con ideas como la de Rovira de tener un Govern bicéfalo-, imagínense desde dentro.


Puigdemont no volverá a ser President de la Generalitat. Y su formación de expujolistes, que no existe en estas elecciones puesto que el Molt Honorable ya tiene su propia marca política, no cuenta con nadie más para sustituirlo en el horizonte. Santi Vila intentó llenar el hueco, pero ya hemos visto como le salió. 


Quizás los antiguos convergentes no tengan el mismo problema que ERC, ya que la suya es una cuestión de supervivencia: es bastante factible que lo que quiere representar el PDeCAT ya no haga falta en Catalunya. Lo más sencillo es que desaparezcan en los próximos años.


A partir del 21-D los partidos exprocessistes entrarán en una dimensión desconocida para ellos, llamada lucha interna por el poder, y eso sea cual sea el resultado. Con sus líderes en prisión o huidos los espacios que han dejado serán llenados de una manera u otra. Y quienes los ocupen serán los que corten el bacalao por mucho que de cara a la galería afirmen lo contrario y juren fidelidad eterna.


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