Pintar su nacionalismo de rojo no le sirve ya a la CUP

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CUP Puigdemont

Mireia Boya, Anna Gabriel y Carles Puigdemont. Fuente: Europa Press



“¡No pintéis el nacionalismo de rojo!”. En el año 1920 se dice que Lenin contestó esto a miembros de su partido cuando le hablaron del "nacionalismo progresista y revolucionario". Y parece que el revolucionario ruso, tan citado estos días por el centenario de la Revolución de octubre, se refiriera a la CUP.


La CUP se presenta ante el electorado como una formación antisistema pero repasando su corto historial uno se da cuenta que su principal servicio en Catalunya -o el único- ha sido apuntalar a los expujolistes y a las aspiraciones de poder de ERC en su viaje hacia el centro-derecha catalán para convertirse en el partido hegemónico nacionalista. Una muleta del poder pura y dura.


Se dicen socialistas pero su activismo es el propio de un partido reformista de corte liberal -o peor. Para la CUP existen los refugiados, las mujeres, el ecologismo, etc... pero no verán ustedes discursos defendiendo a la clase trabajadora propiamente... es un socialismo de bandera más que de contendido. Un miembro de la CUP pega menos en un polígono industrial que Torrente votando en una de sus asambleas.


Dicen combatir el imperialismo español, pero ofrecen para ello un pancatalanismo que es lo mismo pero con otra bandera. Desde la CUP nos tendrían que explicar qué clase de anticapitalismo o socialismo ve diferencias entre un obrero murciano y uno de Castellón. Se ve que se saltaron la clase de la lucha de clases tradicional del socialismo.


Su internacionalismo se construye en la búsqueda de un 'espacio vital' nacional más propio de ideologías para olvidar. Su antieuropeísmo solo ofrece como alternativa un mundo fragmentado de fronteras. Cada uno en su país y dios en el de todos, por lo que se ve.


Los sucesivos portavoces de la formación son de lo más variopinto. Desde un David Fernàndez que se ha hinchado a abrazar a Artur Mas a un Antonio Baños que le gusta salir más en las fotos que un personaje de la prensa del corazón. Sacarle la chancla a Rato, cómo hizo Fernández, queda bien para lucirse en la tele, pero su efectividad real es cero.

Afirmar, como Quim Arrufat, que había que forzar al Estado a recurrir a la “fuerza bruta” es otra perla. En general las salidas de tono son una constante por parte de sus temporales caras visibles que aportan titulares y poca cosa más.


Su sistema asambleario ya dio que hablar hace un par de años con su famoso y 'casual' empate a 1515 votos para decidir sobre la investidura de Artur Mas. En realidad sus corrientes internas moldean la dirección de la formación igual que ocurre en cualquier partido. La CUP no es mejor en eso que los demás por mucho ropaje asambleario que luzca.


Es una formación que habla mucho de la acción y de la calle, pero a la hora de la verdad cuando se proclamó la DUI se quedó tan quieta como los demás. Y al final han aceptado las autonómicas de Rajoy como cualquier partido del sistema. Lo curioso es que exigían mucho a los demás partidos del Frente Nacional pero se ve que estaban 'de finde' como Puigdemont cuando 'se proclamó' la República.


Lecciones morales pueden dar bastante pocas. Pero sin embargo en esta campaña no paran de darlas. Principalmente a los comuns. Y curiosamente nunca por el tema social, siempre por el nacional. En el social no son capaces puesto que en ese campo están desacreditados por estos años al lado de los expujolistes a cambio de absolutamente nada. Su posición de fuerza desde fuera del Govern no ha generado ni un solo avance social... ni uno. Aunque pueden decir a gusto que la culpa es de Madrid.


Las distintas encuestas les dan una bajada en sus resultados respecto al 2015. Visto lo visto durante estos años lo raro es que no pasen a ser extraparlamemtarios y desaparezcan absorbidos por los de Puigdemont o Junqueras. Casi nadie notaría su ausencia.


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