La paz todavía no ha llegado a Colombia

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FARC

La violencia sigue vigente en Colombia a pesar del acuerdo de paz entre el Gobierno y las FARC. Fuente: Reuters


El Gobierno y las FARC lograron hace un año firmar un acuerdo de paz que ha silenciado las armas. La violencia, sin embargo, sigue muy presente en amplias zonas del territorio colombiano, sobre todo en el ámbito rural, de donde el Estado siempre estuvo ausente, y los grupos armados que siguen operando en el país se afanan ahora por ocupar los espacios dejados por la ya extinta guerrilla.


De acuerdo con el Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, el proceso de paz en Colombia ha evitado la muerte de unas 2.800 personas entre agosto de 2016 y junio de 2017. Además, en este año los desplazamientos forzados, la consecuencia del conflicto armado que más víctimas ha generado, "se han reducido paulatinamente", según contaba Olivier Longué, director general de Acción contra el Hambre (ACH), en un encuentro informativo esta semana.


Son datos esperanzadores que señalan una tendencia positiva, después de más de medio siglo de combates, pero al mismo tiempo evidencian los "escasos efectos" que, según Amnistía Internacional, ha tenido el acuerdo de paz en la vida de los colombianos. "Todavía queda mucho por hacer para que el proceso de paz suponga alguna diferencia real", ha asegurado el secretario general de AI, Salil Shetty.


En concreto, el secretario general adjunto de Naciones Unidas para Asuntos Políticos, Jeffrey Feltman, ha expresado, tras su reciente visita a Colombia para comprobar el estado del proceso de paz, la preocupación de la ONU por "la situación de seguridad en las antiguas zonas de conflicto, en particular, en aquellas que han sido dejadas por las FARC en el curso de su transformación en un movimiento político".


Las FARC no solo eran la principal guerrilla del país y de América Latina, sino también -como insiste en recordar el ex presidente colombiano Álvaro Uribe- una organización dedicada a múltiples negocios criminales, como el narcotráfico. Su abandono de la lucha armada ha dejado disponibles todos estos tráficos ilícitos y ha abierto una pugna por su control.


Ejemplo de esta carrera por el emporio delictivo de las FARC es que los cultivos de coca se dispararon un 52 por ciento en 2016, pasando de 96.000 a 146.000 hectáreas, según datos de la ONU, y a lo largo de 2017 han crecido hasta las 180.000 hectáreas, de acuerdo con el último informe de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos. Y todo a pesar de que el acuerdo de paz se propone eliminar las plantaciones ilícitas, la mitad de forma forzosa y la otra voluntaria.


Imprimir ritmo


"Si el acuerdo de paz fuera veraz, no habría grupos armados en nuestra tierra. El Gobierno llega a un acuerdo con las FARC pero ¿qué pasa (con la guerrilla del) ELN y con los paramilitares? El propio Ejército, cuando acude al territorio, hace daño a la población indígena", plantea a Amnistía Internacional una víctima de desplazamiento forzado en el departamento de Chocó.


Para las organizaciones humanitarias, la clave para frenar la violencia es acelerar la implementación del acuerdo de paz, que solo se ha completado en un 17 por ciento, según el análisis realizado por el Instituto Kroc, legitimado por las partes para hacer seguimiento de lo firmado en la capital cubana. El Alto Comisionado ha prometido "intensificar las tareas en aquellas áreas que se advierten como deficitarias" para "mejorar el ritmo y la calidad de la implementación del acuerdo".


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