El PosProcés: Folklore internacional y guerra de guerrillas disfrazada de huelga laboral

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Trenes

Estación de Sants el 8 de noviembre. Fuente: Europa Press

Tras perder el control de las instituciones y con sus líderes en el extranjero o en prisión los independentistas que todavía creen vivir en el Procés han realizado una serie de acciones en los dos últimos días para intentar mostrar músculo. Pero quizás se han visto más michelines que abdómenes tipo tableta de chocolate.


El martes 8 de octubre cerca de 200 alcaldes acompañados de sus varas y con, según algunas informaciones, todos los gastos pagados se presentaron en Bruselas con el objeto de dar apoyo a Puigdemont y ayudar a internacionalizar el conflicto.


Espoleados y emocionados por la 'libertad vigilada' dada a su líder por la justicia belga -menudo exitazo- se encontraron con que todas las instituciones europeas y casi todos los gobiernos de la UE les daban la espalda. Ello quedó escenificado con la negativa a usar las instalaciones del Parlamento europeo para que los ediles viajeros pudieran dar su apoyo al autoproclamado 'Govern legítim'.


Por ello se vieron obligados a cambiar el escenario y realizarlo en el Palacio de Bellas Artes de Bruselas previo pago, nuevamente con todos los gastos sufragados, y sin que se sepa muy bien de dónde sale tanta pólvora real para disparar gratis... aunque no hace falta tener muchas imaginación para intuirlo.


Y entonces el Molt Honorable exPresident, que no tenía previsto acudir al acto, se presentó y no dudó en atacar a la UE cual Le Pen en un día con dolor de barriga. Haciendo amigos, vamos. Evidentemente no queda muy claro que la internacionalización del conflicto haya sido un éxito, más bien al contrario.


Al día siguiente la huelga 'laboral' convocada por un sindicato con menos seguidores que un Numancia-Osasuna en la tele un miércoles a las 22:00 horas. El paro básicamente se vestía de laboral pero en realidad era, como no, de país para reclamar la liberación de los "presos políticos" y por la aplicación del 155.


El día 3 de octubre el Govern prometió que no se le descontaría el sueldo a ningún funcionario -como si su jefe le dice que no vaya a trabajar mañana que cobrará igual-, pero después llegó Montoro, que no es precisamente un fan de Junqueras, y se los quitó sin problema.


Esta vez iba a ser difícil encontrar a tanto 'ingenuo', más que nada porque ya no se maneja el Govern y tampoco hubiera colado. Así que la estrategia desarrollada ha sido cortar las principales vías de transporte catalanas para generar un colapso generalizado, aumentando hasta el infinito por los altavoces oficiales su éxito -la corpo y los medios subvencionados- y con, quizás, cierta connivencia policial.


Si el paro hubiera sido estrictamente laboral y convocado por los sindicatos mayoritarios no se hubiera permitido ni un diez por ciento de los cortes sin que los virtuosos de la porra hubieran actuado. Que la huelga era política y ha tenido poco seguimiento lo demuestra el caso de RENFE, que con menos del 1% de su plantilla en huelga ha visto afectado su funcionamiento como si el paro fuera de sus trabajadores.


Esta guerra de guerrillas puede servir para tapar la cada vez menor movilización social de las fuerzas processistes frente a la opinión pública, actuando en puntos concretos con pocos efectivos. Pero también generan un malestar en la población que se les puede volver en contra.


Parar trenes a las 10 de la noche tiene poco sentido en un huelga, por ejemplo: solo genera cabreo. Hoy también se han visto algunas imágenes de Mossos protegiendo a los manifestantes de intentos de agresión de personas retenidas en los atascos. Ver para creer.

Vamos, que al igual que en el caso de la UE se están 'haciendo' más amigos con esta estrategia.


De aquí al 21D cada paso que se dé puede marcar el rumbo de los acontecimientos. Más de lo que se puede llegar a intuir a simple vista. Es muy discutible que en estos dos días los todavía seguidores del Procés hayan logrado algún avance para lograr sus objetivos.


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