Rohingyas y romaníes, entre las etnias apátridas condenadas a la exclusión

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Campo de refugiados rohingya en Teknaf. Fuente: UNICEF/Patrick Brown


El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha publicado un informe sobre la realidad de los 10 millones de personas en el mundo que son apátridas, es decir, que carecen de un país que les reconozca como nacionales. Estas personas, el 75% de las cuales pertenece a minorías como los rohingyas, los karanes, los romaníes, los pembas o los makondes están abocadas a la exclusión, la humillación, la persecución y la pobreza sin un Estado que les defienda.


Del cómo nace un apátrida, el informe es claro: La discriminación basada en la etnia, la raza, la religión o la lengua es una causa recurrente de apatridia en el mundo. En algunos casos, esta exclusión de derechos fundamentales está establecida por ley, pues al menos 20 países mantienen leyes de nacionalidad que permiten retirarla o denegarla por motivos como estos y a veces, de forma masiva y hereditaria.


Por eso, los principales damnificados son descendientes de migrantes que llegaron a un territorio voluntaria o forzosamente antes de que ese lugar alcanzara la independencia, pero también poblaciones nómadas con vínculos en uno o más países y grupos que simplemente, son discriminados aunque llevan generaciones viviendo en el mismo lugar porque así lo impone un gobierno.


Un ejemplo es el de los rohingyas musulmanes de Myanmar, el mayor grupo apátrida conocido del mundo. No figuran en la lista de "grupos étnicos nacionales" que, según la Ley de Ciudadanía de 1982, adquieren automáticamente la nacionalidad al nacer, de modo que no acceden a ella.


No son los únicos. El ACNUR entrevistó entre mayo y junio de este año a más de 120 personas en tres países que se encontraban en esta situación o a punto de estarlo y que describieron "las humillaciones y el sufrimiento cotidianos" que padecían por características inherentes a su identidad. Pertenecían a grupos de karanes de Madagascar, romaníes y otras minorías étnicas en la Antigua República Yugoslava de Macedonia, a los pembas y a los makondes de Kenia.


Según explicaron, la primera consecuencia de la apatridia es la exclusión. Estar fuera del sistema administrativo de un país implica no tener acceso a todos los servicios que ofrece, desde la educación y la sanidad hasta la justicia, el empleo, la libertad de circulación o el derecho al voto. También ven restringido su acceso a la documentación y así, a la propiedad, lo que les aboca a la pobreza. "Crea una brecha entre la comunidad local y los grupos afectados, agravando su sensación de ser intrusos: de no pertenecer nunca a un lugar", dice el informe.



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