El papel de los medios de comunicación públicos en el Procés: la propaganda como arma ideológica

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Oriol Junqueras, con el micrófono de TV3, junto a Raül Romeva y Gabriel Rufián. Fuente: TV3



En los últimos años, conforme el Procés se convertía en la única tabla de salvación de los restos del pujolisme, el papel de los medios de comunicación públicos en Catalunya, concretamente TV3 y Catalunya Ràdio, ha pasado a ser fundamental para mantener el artilugio propagandístico vivo.



Desde el 2012, y especialmente en las últimas semanas, además se han traspasado varías líneas rojas.


Todos hemos visto y escuchado a presentadores/as y locutores/as convirtiéndose en simples apologistas de una determinada idea con un hooliganismo inaceptable en cualquier sociedad democrática para un servicio público que PAGA TODA LA CIUDADANÍA, no solo la que piensa de una determinada forma.



Tertulias sin ninguna clase de pluralidad o con una sola voz discordante para aparentarla, 'intelectuales' con idearios supremacistas, entrevistas-masaje a líderes del Procés y duras a los de la oposición...

podríamos llenar folios con actitudes bochornosas para una sociedad que se autodenomina libre.



CDC ya en los años de Pujol estaba acostumbrada a utilizar estas prácticas, pero lo hacía de forma excepcional y más disimulada, aunque fuera 'la seva'. Una vez ha visto amenazada su existencia no ha dudado en utilizar los medios públicos como simple y pura correa de transmisión de ideología para mantener a los seguidores del Procés con la moral alta.



Solo ha faltado la entrada de ERC en el Govern para extremar estas prácticas más propias de una dictadura bananera que de una democracia avanzada. Solo hay que ver las apariciones de Junqueras en estos medios: un día sí y el otro también.



Si bien es cierto que el Estado español en esta materia tiene un déficit muy grande, no lo es menos que TV3 y Catalunya Ràdio han cruzado la frontera y se han situado en el terreno de la pura propaganda.


Los medios controlados por otros partidos en los demás territorios del Estado jamás han llegado a tal nivel de degradación. Y no era fácil superarlo. El PP con TeleMadrid o Canal 9 habían puesto el listón muy alto, pero en Catalunya se ha superado con creces.



Pero es lo que tiene intentar convertir una sociedad plural en un convento con un único pensamiento y no tan solo lanzar mensajes benevolentes con el poder, que es lo que se ha intentado siempre como máximo en una democracia occidental más o menos normal.



Lo primero es lo que hacen hoy los medios públicos en Catalunya. Lo segundo era lo que hacían antaño.


Estos medios tienen además unas estrellas pagadas con unos sueldos de oro que ponen en peligro por ello la propia existencia de los medios públicos. La lealtad se vuelve así inquebrantable y se antepone a cualquier ética profesional.



Fue penoso ver en la rueda de prensa de Mariano Rajoy anunciado la aplicación del artículo 155 que una de las pocas preguntas que se hizo desde estos medios fuera sobre qué ocurriría con ellos. Pero más triste fue ver luego cómo tras esto, y tras una respuesta donde se intuía el control de Madrid, se han tirado días y días llorando en las diferentes emisiones por su futura situación. Personas con unos sueldos de escándalo.



Como si la población catalana no tuviera otros problemas más graves por la aplicación del 155 en otros campos mucho más vitales como la sanidad o los sueldos de los funcionarios, por poner tan solo dos ejemplos.



Solo se preocupan por sí mismos: son un poder dentro del poder controlado por gestores de partido.


TV3 y Catalunya Ràdio han devenido en simples altavoces de la ideología del Procés. Son una simple arma ideológica que ha llegado a tal extremo de paroxismo que ya no sirve ni para este fin. Sus mensajes tan sesgados, preparados y adulterados no son capaces de convencer a los indecisos o quebrar la moral de los contrarios.



En el futuro si Catalunya desea ser una sociedad democrática y plural como antaño deberá rehacer de forma completa sus medios de comunicación si quiere lograrlo. La propaganda como arma ideológica no puede tener cabida en un servicio público que debe ceñirse específicamente a informar y generar debates verdaderamente plurales entre las diferentes ideologías existentes en una sociedad como la catalana.


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