¿Puede saltar por los aires el Estado español?

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Históricamente Europa a lo largo de los siglos ha sido territorio de apariciones y desapariciones de diversos entes políticos. En el siglo XX los dos conflictos de carácter mundial cambiaron su fisonomía radicalmente, dando lugar a un crisol de nuevos estados.



El último fenómeno de cambio de mapa político lo tenemos tras la caída de los estados con una economía del denominado socialismo real. Durante los años 80 los países que en Europa formaban parte del bloque socialista comenzaron a tener graves problema económicos. La URSS ya no les podía servir de paraguas y Moscú les vino a decir que debían buscarse la vida. La solución fue el endeudamiento...



Dicho endeudamiento externo provocó que entrarán en bancarrota con los consiguientes cambios de régimen -caso de Rumanía- o de metamorfosis e implosión -la propia URSS o Yugoslavia-. La crisis del sistema económico socialista, como vino a decir acertadamente el historiador británico Eric Hobsbawm, en realidad fue debida a que eran economías maravillosas para principios del siglo XX casi rozando el final del siglo XXI, y por tanto incapaces de adaptarse a una nueva era que estaba llegando. Endeudamiento y sistema económico deficitario. Quedémonos con estas ideas para luego.


En 2008 la crisis financiera mundial atacó en mayor o menor medida a todas las economías. Frente a las costas de Europa con la denominada primavera árabe diversos estados entraron en profundas crisis con cambio de régimen -caso de Libia- o implosión -como Siria-. Subidas repentinas de precios de los productos básicos para la población y un endeudamiento externo galopante convirtieron sus economías en antiguallas incapaces de superar la crisis mundial.


Nuevamente endeudamiento y sistema económico deficitario frente a una realidad cambiante. Todos los demás problemas (enfrentamiento entre etnias, fundamentalismos religiosos, etc) aparecen tras estos factores. Al mismo tiempo que cayeron los estados socialistas en Europa surgieron demandas nacionales por doquier que dieron lugar a nuevos estados y conflictos antes inexistentes o que habían desaparecido hacía décadas o siglos.



Centrando nuestra atención en España la crisis golpeó también su economía en 2008, al igual que la de los restantes estados europeos. Surgieron una serie de problemas económicos que acabaron afectando a su cuerpo social (paro, desahucios, etc). Posteriormente apareció un problema grave de carácter territorial personificado en Catalunya.



Y la pregunta en vista de lo que está sucediendo esta semana, quizás atrevida, es: ¿Puede el Estado español implosionar por su falta de adaptación a la realidad?


A esta cuestión se pueden objetar diversas respuestas como que el Estado español está en organismos como la UE o la OTAN. O que su economía se está recuperando…pero la realidad, tozuda, demuestra que tenemos un problema institucional gravísimo que amenaza la unidad territorial: sin Catalunya, España como la conocemos hoy dejaría de existir. No nos engañemos. Los 'problemas internos' para la comunidad internacional lo son en todos sus aspectos...y si su solución final es abrupta internacionalmente se suele aceptar el resultado que se dé.



España tradicionalmente ha tenido dos problemas fundamentales: las diferencias sociales y el tema de lo que en la Constitución se denominan "nacionalidades". Los siglos XIX y XX son una sucesión de cambios de régimen, constituciones y amenazas de ruptura territorial constantes. El estado español nunca fue un estado fuerte comparándolo con otros como el británico o el estadounidense, mucho más estables.



Por otra parte nuestra economía, por mucho que se diga lo contrario, es deficitaria. Nada más aparecer la crisis del 2008 el endeudamiento se disparó, especialmente en el sector público, repercutiendo negativamente en las clases medias y trabajadoras. Endeudamiento.



Nuestro sistema económico es deficitario, como ya se demostró con la crisis del ladrillo. No tenemos una economía capitalista diversificada sostenible que nos permita capear un tornado externo importante. Es un economía además propensa a las corruptelas junto al poder político, como hemos visto estos años con decenas y decenas de casos. Nuestras 'empresas bandera' en el mundo (Marca España) no generan beneficios palpables que redunde verdaderamente en nuestra economía interna. Incluso la banca, antaño en los altares, ha necesitado del sector público -40.000 millones a fondo perdido- para sobrevivir. Sistema económico deficitario.



Con estos antecedentes, endeudamiento y sistema económico deficitario, el futuro no se vislumbra muy halagüeño. No observándose por ahora en el horizonte un cambio de régimen inmediato la implosión del Estado, cuyo síntoma más palpable es la situación en Catalunya, no resulta tan descabellada. Taparse los ojos como un niño ante esta posible realidad no hará desaparecer un problema que quizás ya tenemos aquí y que en los últimos meses ha ido tomando forma.


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