Dos gobiernos a la deriva

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Puigdemont y Rajoy juntos en rueda de prensa por los atentados de Barcelona y Cambrils. Fuente: Europa Press



Desde la aprobación por el Parlament de las leyes del Referéndum y de Transitoriedad el problema territorial en España se ha desmadrado. El Govern de JxSí inició la escalada creando con poco más de medio Parlament (pero equivalente en representación a menos de la mitad de los electores catalanes) un entramado jurídico que pretendía sustituir a la legislación vigente, Constitución y Estatut, sin respetar múltiples formalidades fundamentales y en dos jornadas.



Quedaba claro que el Estado respondería, como hubiera hecho cualquier estado de derecho occidental. Pero el problema que tiene el Gobierno de Madrid se llama Mariano Rajoy y Partido Popular. Los múltiples problemas de corrupción que arrastra la derecha española, su actuación en el Estatut laminado, etc.. convierte cualquier decisión que tome en caldo de ataques de todo tipo. Aunque lleven razón en las formas y/o el fondo cada paso que dé será rebatido por su historial.



Si en Madrid hubiera habido un Gobierno sin estas cargas seguramente todo esto no estaría sucediendo. Uno no puede justificar todos sus actos en la Ley. La mejor Ley que existe es la que no se tiene que aplicar en ninguno de sus aspectos (principalmente en la sanción), y ello no está sucediendo.



Se encuentran así Rajoy y sus ministros navegando en aguas desconocidas, con una situación muy difícil de gestionar y deslegitimados por un pasado demasiado oscuro a ojos de los catalanes y de muchos españoles de otros lugares.



Pero el Govern de Puigdemont no está mucho mejor. Con el apoyo de medio Parlament y unos seguidores revolucionados no es suficiente para conseguir un objetivo que se antoja quimérico. Sin apoyo exterior relevante e interior discutible se dirigen hacia un desastre que es difícil de calibrar… pero que padecerá una población que ya ha sufrido bastante con la crisis. Y por otra parte en el campo de la corrupción no están mucho mejor que los populares…



Estamos pues ante dos gobiernos que van a la deriva. El Govern se lanzó al monte sin tener en cuenta que quien padecerá las consecuencias de sus decisiones es la cuidadanía de Catalunya. El Gobierno cree que con la mera aplicación de la Ley todo se resolverá, pero olvidan que la Ley es un instrumento y no un fin.



Estos actores van a pique y han quedado sin legitimidad para resolver esta situación. No son la solución: son el problema. Urge que nuevos actores, del color político que sean, pero con voluntad de resolver el conflicto, tomen los timones gubernamentales en Madrid y Barcelona.


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