​El discurso del rey: claveles rojos, urnas, dictadura, unidad nacional y viva la democracia

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Cuarenta años después parece evidente que España tiene un Congreso de los Diputados más diverso. La representación plural del pueblo español quedó más evidenciada que nunca en el 40º aniversario de las elecciones democráticas de 1977. ERC decidió no asistir, el PDeCAT llevó urnas, Unidos Podemos claveles, Alfonso Guerra (PSOE) se sentó en su anterior escaño y el PP aplaudió al rey.



Entran en el Salón de Plenos de las Cortes Generales los reyes de España ante los vivas y aplausos de unos, y el silencio de otros (en concreto del PDeCAT, PNV y Unidos Podemos). Eso sí todos en pie para recibir a los monarcas mientras los demócratas catalanes muestran las urnas para el referéndum del 1 de octubre plasmadas en hojas de papel. Contrarrestan la acción otros políticos que sitúan tras el PDeCAT una bandera de España.



Arranca el himno nacional y los vivas al rey y a España. Un espontáneo salta al ruedo. El líder de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, responde con un ¡Viva la democracia! Los morados tienen frente a sus escaños unos claveles rojos que simbolizan su homenaje a aquellos que lucharon contra el franquismo. Previamente celebraron un acto homenajeando a los protagonistas de la lucha antifranquista junto con sus socios de Izquierda Unida, PSOE, PDeCAT, PNV y Compromís.



La primera en hablar en este acto institucional es la presidenta del Congreso de los Diputados, Ana Pastor. La política popular no se deja a nadie en su recuerdo a los líderes de la Transición incluyendo también a Josep Tarradellas, político catalán tan nombrado estos días desde las filas independentistas. Sus palabras, en algunos momentos, cuentan con el apoyo de todo el hemiciclo. No corre la misma suerte Felipe VI. La derecha parlamentaria aplaude al monarca mientras la izquierda se mantiene en silencio. El PSOE, generalmente, se suma a los aplausos.


Del discurso del rey destacan dos cuestiones más allá de los agradecimientos y de la propia conmemoración a los diputados del 77. Por un lado Felipe VI, como representante de Casa Real, reconoce de manera más abierta que el gobierno de Francisco Franco fue una dictadura. Por otra parte está su aviso escondido a la Generalitat de Catalunya en su defensa a la unidad de España y al respeto a la ley.



Felipe VI se refiere al periodo franquista como una dictadura


Felipe VI habla de dictadura para referirse a la “responsabilidad histórica” que tuvieron los políticos en 1977. Su hazaña: solucionar los “errores del pasado” y “superar las diferencias” que había entre los españoles, que estaban “convencidos de que la Guerra Civil y la dictadura eran, como se afirmó en estas Cámaras, una inmensa tragedia sobre la que no cabía fundar el porvenir de España”.


El monarca que no se refiere a palabras propias sino que recoge lo dicho en aquel momento en las Cortes habla por vez primera de dictadura, desligándose ligeramente de la figura del rey emérito que siempre evitó hacer alguna referencia explícita.


No obstante su reflexión sobre el momento histórico protagonizado por Franco se queda ahí y solo añade en este campo la existencia de una España dividida y a veces desgarrada” para elogiar el trabajo de los diputados y senadores elegidos el 15 de junio de 1977. Felipe VI destaca la labor de éstos que desde diferentes ideologías estaban guiados por el mismo espíritu: “nadie en España debía volver a ser enemigo de nadie”.


Felipe VI: “Ningún camino puede conducir a la ruptura de la convivencia”


La cuestión catalana está en boca de todos y Felipe VI no podía pasar por alto en su discurso apelar a la “unidad nacional” y al respeto a las leyes. El monarca no se dirige ni nombra directamente a Catalunya o al Procés, pero se entrevé de qué y de quién habla.


Felipe de Borbón defiende esa unidad española que asume la “diversidad territorial” con “orgullo y coherencia”. En este sentido señala que la Constitución del 78 proclamó “su voluntad de proteger a todos los pueblos de España” y que “reconoció el autogobierno de sus nacionalidades y regiones” como “patrimonio de todos los españoles”.


El jefe de Estado repite lo dicho en su discurso de proclamación al manifestar que la diversidad define “nuestra propia identidad nacional” y que los “sentimientos se deben respetar y comprender, nunca ignorar, enfrentar o dividir”.


En relación a la separación, enfrentamiento o división entre territorios lanza una advertencia velada a la Generalitat: “ningún camino que se emprende en nuestra democracia puede conducir a la ruptura de la convivencia”. “Y menos aún un camino que divida a los españoles o quiebre el espíritu fraternal que les une” sentencia.


Felipe VI ofrece la misma solución al referéndum que la de los constitucionalistas afirmando que es “dentro de la ley” donde se encuentran “los principios democráticos” y donde se deben encauzar los antagonismos” mediante “el diálogo y el debate”. Acto seguido subraya que fuera de esta legalidad solo hay sitio para la “arbitrariedad, imposición, inseguridad, y, en último extremo, la negación misma de la libertad”.