​El caso Llach es el protagonista de la Sesión de Control del Parlament

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Puigdemont

El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, en el Parlament. Fuente: Jordi Bedmar


La Sesión de Control del Parlament ha tenido como protagonista a Lluís Llach. El diputado de Junts Pel Sí se mostraba tranquilo en su asiento y bromeaba ante las acusaciones de los partidos de la oposición. Menudo lío se ha montado en la Cámara autonómica por culpa de las declaraciones del cantautor. Llach abría la polémica con unas palabras destapadas por El País en las que afirmaba que los funcionarios que incumplan la ley de transitoriedad jurídica “sufrirían” y serían sancionados.


Enseguida reaccionaron los partidos políticos de la oposición pidiendo explicaciones al Govern. Su portavoz, Neus Munté, respondía tibia y no entraba a valorar el escándalo. En su comparecencia se limitó a defender las leyes de desconexión y a garantizar la “seguridad jurídica” de los funcionarios. No dejaba nada claro. Los servidores públicos todavía no saben si serán o no serán sancionados.


Hoy el caso Llach llegaba al Parlament. Durante la Sesión de Control de esta mañana salía a relucir su nombre. PPC, Ciutadans y PSC pedían a Puigdemont que ratificase o desmintiese a Lluís Llach. El líder del Govern sacaba las uñas para defender a su diputado y en el Parlament volaban los cuchillos.


Cuchillos, estacas y reproches entre Junts Pel Sí, PSC, PPC y Ciutadans


El líder del PP catalán, Xavier García Albiol, encendía la llama criticando las polémicas declaraciones del cantautor que “ha sacado a pasear la estaca”. Llach mostraba los cuernos del demonio. Albiol pedía al cantautor que dejase su acta y recordaba la renuncia de Santi Vidal en el Senado tras manifestar que el Govern tenía los datos fiscales de todos los catalanes conseguidos fuera de la legalidad. El popular asestaba el primer puñal a Junts Pel Sí.



García Albiol continuaba su discurso proclamando que las leyes de desconexión son “un golpe de Estado literal” y acusaba al Govern de estar sumido en una dinámica de ocurrencia tras ocurrencia. Aquí intenta el popular clavar su segundo puñal. Ponía de ejemplo las palabras del vicepresidente de la Generalitat, Oriol Junqueras, sobre la declaración de independencia unilateral. No hubo daños. La piel de Junts Pel Sí es dura y ya están acostumbrados.


En su turno de réplica Carles Puigdemont atacaba a discreción al líder popular. El presidente defendía a su diputado y calificaba de “injustos e “ignorantes” a los que acusaban al cantautor de coacciones. Hacía un recorrido por la biografía de Lluís Llach y acreditaba su condición de víctima de la “censura, detención, prohibición y exilio”. 



El líder del Ejecutivo criticaba que Llach había sido perseguido por gente que empezó su carrera política “cuando gobernaba Franco” y que después acabaron formando parte del Partido Popular. Albiol ya se estaba esperando la primera estaca que llegaría bajo el nombre de Rodolfo Martín Villa, citado por Puigdemont sobre esta cuestión. El recado revuelve a los populares en sus escaños.



La intervención de Inés Arrimadas, líder de Ciutadans, fue un disparo directo al Govern y a su presidente. La política naranja acusaba a bocajarro a Junts Pel Sí de amenazar a los trabajadores públicos para seguir impulsando su proceso soberanista. Arrimadas tildaba de “vergonzosa” la actitud de Puigdemont que en lugar de defender a los funcionarios defendía al “señor Llach”. La líder de Cs iba más allá y se colocaba como la sindicalista de los servidores públicos. La diputada hablaba de los recortes y pedía a la Generalitat que pagase “lo que les debe y no les amenace si no le quieren seguir en su obsesión separatista”.



En un tono más tranquilo entraba en el ring el primer secretario del PSC, Miquel Iceta. El político socialista rogaba al Govern que no amenazase “a los funcionarios y a todos con el choque de legitimidades que se derivará en esta triquiñuela que nos afectará a todos”.



El presidente catalán estaba guerrero y no quiso aceptar las críticas de Ciutadans al Govern por los funcionarios. Puigdemont acusó al partido de Arrimadas de “poner bajo sospecha” siempre a los trabajadores de la enseñanza y a los periodistas de los medios públicos que aplican la inmersión lingüística. 


El líder de la Generalitat también criticó que la oposición se haya puesto tan dura con Llach cuando ellos no hacían autocrítica acerca de los últimos casos en sus partidos. Puigdemont quiso recordar el tuit del presidente del PP en Melilla, Juan José Imbroda, llamando “piraos” a los independentistas, y las últimas palabras de Zapatero, expresidente del Gobierno por el PSOE, en las que aseguraba que los catalanes tenían prejuicios contra Susana Díaz por ser mujer y andaluza.



De los funcionarios realmente poco se habló. La batalla dialéctica se centró en Lluís Llach y el centro de la polémica no eran los servidores públicos sino el cantautor. Puigdemont no dijo nada sobre si habrá o no habrá sanciones para los empleados de la administración catalana que no respeten las leyes de desconexión pero dejó una cuestión en el aire. 


La pregunta iba para el Partido Popular pero pueden recogerla los funcionarios: ¿No está sugiriendo que el Govern mire hacia otro lado cuando un funcionario no haga caso al cumplimiento de las leyes? Ustedes no paran de repetirnos que las leyes están para cumplirse”. Depende de en qué lado de la balanza de la Justicia esté uno se cumple o se incumple la ley. Menudo lío.


   ​El Govern no quiere hacer ruido con el caso Llach