​Los extremos se retroalimentan en Catalunya

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Quim Torra y Laura Borràs en un acto de campaña. Fuente: Junts per Catalunya


Comenzó la campaña catalana con la idea de que el llamado “efecto Illa” iba a ser el centro de atención de unos y otros a lo largo de la misma. Pero conforme han pasado los días el epicentro se ha situado por unos y otros en lugares más cómodos para hilvanar su discurso.


El monotema de la independencia no solo favorece a los partidos procesistas para intentar continuar en el poder... también a una extrema derecha de corte españolista que busca entrar por primera vez en el Parlament.


Si en las últimas elecciones del 2017 fue Ciudadanos quien aprovechó este clima para un ascenso meteórico, que luego les sirvió para poca cosa, ahora es VOX quien entra al trapo para colocar a los suyos en el hemiciclo catalán.


Y lo más grave es que tanto JxCAT, ERC o CUP (y todos sus medios de comunicación públicos y privados afines) han entrado en el juego en vista de que esta estrategia, como mínimo, les podía mantener sus números.


Dejando de lado en la pugna política temas complicados (como podrían ser la pandemia o la economía), un extremo y otro se dedican a jugar a la lucha de banderas como única opción para lograr sus objetivos electorales.


Del resultado del domingo 14 de febrero, sea cual sea, solo se puede tener una certeza en estos momentos: el Parlament continuará siendo de todo menos una cámara legislativa normal donde se controla al Govern y se fabrican leyes. El circo de los últimos años continuará en su máximo esplendor. 


   ​El 14F en Catalunya: sin cambios en el horizonte