​La moción de censura como propaganda

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Moción de censura de Santiago Abascal al Gobierno del PSOE. Fuente: Congreso


El instrumento de la moción de censura se creó por los llamados padres de la actual Constitución como una herramienta muy específica para una arquitectura parlamentaria con un bipartidismo imperfecto. Jamás habrían pensado que fuerzas sin posibilidades reales de tener éxito echaran mano de la misma.


Si bien la primera vez que se utilizó por parte del PSOE de Felipe González se tenía claro que no triunfaría, no es menos cierto que la jugada no era tan descabellada puesto que la idea de los socialistas entonces era desgastar a Adolfo Suárez para colocarse en una situación de privilegio en las siguientes elecciones. 


Incluso la siguiente, la de AP de Hernández Mancha que acabó como un sainete, tenía su lógica al intentar dar visibilidad al líder de un partido que no tenía escaño en el Congreso y quería aprovechar el instrumento para darse a conocer. 


Las tres últimas se han dado en un breve espacio de tiempo recientemente y sin duda son fruto de la inestabilidad del sistema. Dejando de lado la exitosa de Pedro Sánchez, donde quedaba claro que los números daban de antemano, las otras dos tenían otro significado.


Tanto la reciente de VOX como la que presentó hace tres años Podemos surgen de formaciones que eran terceras en número de escaños tras los dos tradicionales partidos que han protagonizado los gobiernos del régimen del 78.


Hace tan solo una década jamás una tercera fuerza, como podía haber sido la clásica IU, se hubiera atrevido a echar mano de una iniciativa así sin contar con los apoyos suficientes. Hubieran pensado que el desgaste ante el electorado sería tal que ni de broma valía la pena planteárselo.


Pero en estos tiempos donde la política es comunicación y poco más la moción de censura se ha transformado en una palanca más de propaganda que da a los partidos una visibilidad que quizás ahora sí que merece la pena puesto que no se percibe el riesgo de un desgaste o algún elemento negativo. 


Y en este esquema se debe valorar la moción de censura presentada por los de Santiago Abascal estos días. Vox ha utilizado la vieja estrategia de que es mejor que hablen mal de ti que lo contrario. Quién le iba a decir a los constitucionalistas que su respetable instrumento iba a ser un elemento mundano, y ya casi rutinario, en la arena política española. 


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