​Puigdemont y la sumisión total

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Puigdemont JxCat


Carles Puigdemont, expresidente de la Generalitat. Fuente: JxCat


Las noticias que indican la intención de Carles Puigdemont de crear un nuevo partido fuera del marco que dejó creado Artur Mas para la antigua CDC es un ejemplo más de las intenciones del expresident de crear un espectro político propio rompiendo las ataduras con todo el pasado del antiguo espacio pujolista.


Dos motivos tiene el hoy inquilino de Waterloo para dar este paso. El primero es que con la guadaña de la justicia española sobre su cuello la única opción que tiene de mantener su status de libertad actual es erigirse en líder supremo de su propio movimiento. Un símbolo. Es bastante parecido, guardando las distancias, a lo que en su día hizo Jordi Pujol cuando explotó el caso Banca Catalana.


El segundo es que sabe bien que para competir con ERC por el espacio procesista no le queda otra que ser un independentista 'pata negra' hasta el final. Le salió bien la jugada en diciembre de 2017 rebasando sorprendentemente a los de Junqueras y sabe muy bien que ese es el camino. 


Las ataduras del pasado pujolista le hacen más daño que otra cosa. El hoy potencial votante de un partido como el PDeCAT no es lo suficientemente importante numéricamente como para  seguir dando esa imagen de formación conservadora. 


Donde se juega de verdad la hegemonía es en el espacio independentista frente a los republicanos, cuya búsqueda de votantes a la izquierda (de Comuns o incluso PSC) favorece presentarlos ante la ciudadanía como unos vendidos. 


Así que Carles Puigdemont ha tomado la senda de pedir sumisión total a su liderazgo y centrarse únicamente en el mensaje independentista. Igual que Jordi Pujol creó su criatura (y Artur Mas lo intentó con menos éxito), el exalcalde de Girona toma ese camino. 


   ​Blanqueando a Jordi Pujol