​Hitler y el marketing político

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Hitler (Wikipedia)Fuente: Wikipedia


La llegada de Hitler al poder fue un proceso de paciencia por su parte y sustentado en técnicas de marketing y mentiras para conseguir el apoyo social de amplias capas de la sociedad que incluso tenían intereses antagónicos.


Sus principales estrategias fueron variadas. Discursos sazonados de anticomunismo y antisemitismo o rechazar las condiciones dictadas por los aliados en el Tratado de Versalles tras la I Guerra Mundial, pues situaban a Alemania como un actor secundario en política internacional, fueron algunos de ellos. 


Pero donde de verdad resaltaron Hitler y los nazis fue en el uso de unas novedosas técnicas de marketing jamás vistas hasta la fecha y que le auparon a la cancillería y el poder absoluto. Con las mismas cualquier cosa, principalmente las mentiras, podían generar un importante apoyo electoral y social.


Las revolucionarias técnicas que les alejaban de las que utilizaban los grupos tradicionales fueron fundamentales para lograr sus objetivos. Los padres de las mismas fueron Goebbels y los trabajadores de la «Reichspropagandaleitung» (RPL), una oficina central de propaganda del NSDAP. Así chicos jóvenes de 20 años pudieron alejarse de lo que era la propaganda hasta esa época y utilizar nuevas fórmulas.


Así por ejemplo la NSDAP organizó la friolera de unos 30.000 eventos, distribuyó 8 millones de folletos y llenó las paredes de ciudades y pueblos de cientos de carteles. Llegó al punto de pagar 50.000 discos de fonógrafo para poder ser introducidos en los buzones con discursos de sus líderes.


Todo se realizó en base a estudios previos de la población que permitían lanzar mensajes distintos según la zona y ciudadanos que vivían en ella. Los discursos además se estudiaban al milímetro. Convertir a los nazis en víctimas, mostrar a Hitler como una persona que vivía modestamente... todo era posible.


Los nazis lograron convertir sus mensajes en un producto de consumo donde lo que contaba eran las emociones del destinatario y no si lo que se transmitía era real. Así no es de extrañar que pasaran de tener en 1928 un escaso 2'6% de los votos a un 36'6% en las elecciones federales de 1932. Y para ello tuvieron que realizar un inmenso trabajo de estudio a nivel local. 


La clave fue llegar a convencer a tradicionales votantes de izquierda o derecha convirtiéndose en una formación capaz de competir en el terreno electoral con formaciones que aunaban el apoyo de unos u otros y tenían un techo de potenciales votantes por ese mismo motivo.    


La misión era llegar al poder a cualquier precio. Y que el mensaje se sustentara en mentiras poco importaba. Así no es de extrañar que aunque en las últimas elecciones netamente democráticas de 1932 su victoria fuera parcial con casi 12 millones de votos, un 33% del total, ello le sirviera para lograr su único objetivo.


En los comicios de noviembre de 1933, con los partidos de la oposición ya prohibidos, obtuvo un artificial apoyo del 92% de los votantes alemanes. La meta ya estaba alcanzada: el poder absoluto. A partir de ahí la propaganda nazi tomó otros derroteros con el fin de perpetuarse en el poder.


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