​Pedro Sánchez muestra que el Procés ya no es una amenaza

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Pedro Sánchez, presidente del Gobierno en funciones y candidato a la Presidencia. Fuente: Congreso


España tradicionalmente siempre había tenido tres problemas: religión, diferencias económicas y territorio. Dejando de lado el primero, los dos últimos han sido temas estrella en los últimos años a raíz de la crisis económica y del Procés catalán. Pero eso parece que ha cambiado en los últimos meses.


En el discurso de investidura de Pedro Sánchez como candidato el líder socialista ha obviado el tema catalán haciendo simplemente un comentario de pasada al hablar del Brexit británico para criticar “una soberanía pequeña e inútil” y meter al Procés en el mismo grupo que vascos, gallegos o andaluces. Y nada más.


Donde sí ha puesto la carne en el asador es en sus referencias a Unidas Podemos, posibles socios de coalición en el Ejecutivo, centrándose así en un discurso social y de progreso. Sánchez se ha centrado así en los problemas económicos y ha pasado de largo en los territoriales. 


Y esto es curioso, puesto que necesita, además de los votos de Pablo Iglesias, la abstención de ERC o JxCAT para que le salgan los números. Y no hacer ni mención de lo que principalmente interesa a estos es una invitación a que le voten en contra.


Por parte de los de Carles Puigdemont ya se da a entrever que el voto será negativo. ERC en cambio supedita su abstención al estudio del hipotético acuerdo que alcancen socialistas y morados. O lo que es lo mismo: les da igual lo que diga o no diga Sánchez hoy o el próximo día sobre el Procés.


Todo esto muestra dos elementos fundamentales. Uno es que el independentismo catalán de corte procesista está absolutamente dividido y que cada socio tiene una senda distinta ya dibujada. Todo eso repercutirá sin duda no solo en Madrid, también en el Govern de Quim Torra y en la política catalana en general.


El otro, que está quedando cada vez más claro, es que el Estado español no ve ya el Procés como la amenaza que era para su subsistencia hasta antes de la aplicación del artículo 155. Ciertamente con los socios nacionalistas divididos y uno de ellos permitiéndole además gobernar en Madrid está claro que Pedro Sánchez puede estar bien tranquilo.


Por lo visto ERC se ha bajado del carro de la unilateralidad y apuesta por otras vías que el PSOE puede aprovechar para tomar aire y centrarse cara a la opinión pública en la agenda social. Y hacen bien: según el CIS el problema catalán importa muy poco a los españoles en comparación con la economía y otras cosas del comer. 


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