​Quim Torra va sobrando en el Procés

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Torra y Arrimadas pleno 1 (Job Vermeulen)


Quim Torra, presidente de la Generalitat. Fuente: Job Vermeulen/Parlament


Que Quim Torra fue seleccionado por Carles Puigdemont para calentarle la poltrona mientras el inquilino de Waterloo disfrutaba de unas largas vacaciones es un hecho sobradamente conocido. Con este movimiento el “president legítim” se garantizó el liderazgo del Procés poniendo a alguien lo suficientemente fanático y limitado para no ser capaz de darle una puñalada por la espalda.


Pero ahora el escenario de hace algo más de un año ha cambiado sustancialmente tras la exitosa moción de censura que Pedro Sánchez presentó contra Mariano Rajoy. Enfrentados a grandes penas los presos y huidos de la justicia española tienen la esperanza de que solo alguien en la Moncloa que no sea del PP o Ciudadanos tendrán una salida digna al lío personal en el que están metidos.


Así no es de extrañar que gentes tan puritana con el tema de la independencia, como son Gabriel Rufián o Laura Borràs, aboguen ahora con vehemencia por un acuerdo entre PSOE y Unidas Podemos cuando hace cuatro meses mandaron un ejecutivo igual al traste sin pestañear. O que JxCAT o ERC no tengan problemas ahora en pactar con el maligno PSC en municipios o Diputación de Barcelona. 


Con este panorama un fanático como Torra les sobra a todos. A los propios y a los extraños a partes iguales. Tener un hooligan en el Palau de la Generalitat lo único que puede provocar es que se agraven las situaciones judiciales de los que han liderado el procesisme. Por otra parte no aporta nada a la gestión del día a día en Catalunya. ¿Realmente para que sirve Torra ahora mismo exactamente?


ERC ya está convencida de que hacen falta unas elecciones en breve, por mucho que Torra diga que la decisión le pertenece a su persona. Y en JxCAT solo hace falta ver el caso que le hicieron con el tema de la Diputación de Barcelona y el pacto con el PSC.


Por lo que se dice en los mentideros, Quim estaría intentando conformar un grupo con gentes de su entorno para resistir en el poder. Lo cierto es que lo tiene bastante difícil. Con menos carisma que una albóndiga y sin un partido detrás lo más probable es que tras la publicación de la sentencia del Tribunal Supremo le obliguen a convocar elecciones y se lo saquen de encima con el menor ruido posible. Lo que menos necesitan ahora son a suicidas lanzando soflamas incendiarias.


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