​Sánchez juega con el mismo fuego que Rajoy

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Rajoy y Su00e1nchez (RTVE)


Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. Fuente: RTVE


La irrupción de nuevos partidos como Podemos o Ciudadanos en 2015 fue catalogado en un primer momento, quizás de forma precipitada, como de hundimiento del bipartidismo. Pero en realidad lo que ha ocurrido en España simplemente ha sido un debilitamiento del mismo, todavía más agrandado por la irrupción de Vox. Tanto PP como PSOE han seguido tomando la Moncloa. Con ayuda de terceros, eso sí, pero detentando el poder en sus manos. 


El caso español por tanto no se parece ni por asomo a lo visto en lugares como Francia, Italia o Grecia. En esos lugares el mapa político sí ha sufrido un terremoto que ha hundido en la historia a los que habían sido actores políticos principales. Aquí socialistas y populares han resistido, por el momento. 


El problema es que después de tantos años monopolizando el poder no han adquirido una cultura de pacto típica en lugares con un crisol de partidos. Y eso ha tenido como resultado la celebración de tres elecciones generales en poco más de tres años. Y ahora parece que se otea en el horizonte unas cuartas que darían un comicio con una media de menos de un año para cada uno. 


Algunos medios e intelectuales han querido culpabilizar a los nuevos partidos de esta situación de inestabilidad. ¿Pero es esa opinión justa? ¿No son los partidos ganadores los obligados a buscar los apoyos necesarios para gobernar? ¿Tres elecciones, más la posibilidad de unas cuartas, y una moción de censura en menos de cuatro años es solo culpa de los de Pablo Iglesias, Albert Rivera o Santiago Abascal


Por lo que parece Pedro Sánchez, con ocasión de las negociaciones para su investidura, no ha repasado el historial en este tema de Mariano Rajoy. El antiguo presidente de los populares en los dos comicios que necesitó para seguir en Moncloa desplegó una estrategia de cansancio. Principalmente tras los primeros de 2015. E incluso prefirió que se celebraran unas segundas elecciones antes que tomar la iniciativa.


Rajoy jugó con fuego y eso se vio menos de dos años después cuando, con un gobierno débil y desgastado, no pudo resistir una sentencia por corrupción para su partido que le barrió de la presidencia en pocos días, incluso tras haber pactado unos presupuestos. Dejar de tomar la iniciativa en momentos claves lo convirtió en un presidente prescindible. Y la moción de censura capitaneada por Sánchez fue un resultado de ello. No hizo falta ni que se pusieran de acuerdo los demás partidos para echarlo.


Ahora Sánchez vuelve a jugar con el mismo fuego. Sus militantes le pidieron tras ganar las elecciones aquel casi olvidado “con Rivera no” en las puertas de Ferraz, a lo que él asintió. Pero sin embargo ha coqueteado con la idea. Ahora parece que quiere, como Rajoy, volver a lanzar los dados en unas nuevas elecciones generales antes que pactar un gobierno de coalición con Iglesias.


¿Merece la pena el desgaste con unos números tan lejanos de la mayoría absoluta y con pronósticos que mejoran sus resultados pero que tampoco se la dan? También Rajoy mejoró los suyos y eso no fue óbice para su salida del poder no mucho después. ¿Merece la pena jugar con fuego teniendo el gobierno en la mano? ¿Puede un partido con 123 diputados exigir gobernar en solitario con los tiempos que corren?  


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