​La bajada de ventas al resto de España, gasolina para el Procés

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Quim Torra, presidente de la Generalitat, en un encuentro con empresarios. Fuente: Govern


Catalunya siempre había tenido históricamente al resto de España como su mejor cliente. Así las exportaciones al extranjero eran proporcionalmente ínfimas respecto a lo que el empresariado catalán vendía al resto de España. 


Sin ir más lejos hasta no hace muchos años se vendía más solo en Andalucía que en toda Francia junta, siendo esta limítrofe con tierras catalanas y actuando en un mercado común sin cortapisas fronterizas para las mercancías. 


Pero esa situación está cambiando a marchas forzadas en los últimos años al calor de la llamada globalización. Durante el año 2018 las ventas realizadas desde Catalunya al resto del Estado cayeron a su mínimo histórico, el 35'4%, mientras las exportaciones fuera del Estado aumentaron hasta el 64'6%, según el C-intereg (observatorio de intercambios comerciales del que forman parte varias autonomías).


Eso no quiere decir que las ventas internas a España no sigan siendo relevantes, pero sí que es cierto que han caído a su mínimo histórico. Y parece que la cosa seguirá esa tendencia en los próximos años. Solo hay que pensar que en el año 1995 la balanza era la inversa; un 30% para exportación al resto del mundo y un 70% de ventas al resto del país.


Curiosamente conforme se ha ido consolidando este cambio de paradigma el nacionalismo catalán en su vertiente más radical de ruptura total con el resto del Estado ha ido creciendo hasta hacerse hegemónico dentro del campo político secesionista. 


Hay que recordar que no hace mucho tiempo el entonces president Artur Mas conminó a los empresarios en Sitges a vender más en el extranjero que al resto de España. ¿Por qué lo hacía? Pues porque sabía que no depender económicamente de las ventas a otras Comunidades Autónomas facilitaba el plan secesionista que había abrazado para conservar el poder.


Esta caída de ventas, y la sustitución por terceros externos de los ingresos que reportan, es gasolina para el Procés. Así es más fácil crear un relato donde la insolidaridad fiscal y el “Espanya  ens roba” cuaje mucho mejor entre la ciudadanía. 


Desde el imaginario nacionalista se puede vender fácilmente que lo invertido vía impuestos de los catalanes fuera de la comunidad no reporta ninguna clase de beneficio. Es precisamente lo que hacía Quim Torra el otro día en la presentación de la memoria de la Cámara de Comercio; todo lo que discuta la buena marcha de la economía catalana con el Procés como locomotora es fake news. 


Así, según Torra, la economía real no son aquellos que “intoxican” con la marcha de empresas tras los hechos de octubre del 2017 o ideas parecidas. Lo real con este relato es que Catalunya no depende para nada de España. “¿Para qué seguir en ella?”, vienen a decir a la población. 


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