​La derechita valiente de Vox comienza a tener su lucha de egos

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Espinosa (RTVE)


Iván Espinosa, portavoz de Vox en el Congreso. Fuente: RTVE


Si algo caracteriza a los partidos de extrema derecha históricamente, mucho más que en otros espectros políticos, es la necesidad de contar con un líder máximo y omnipotente que sirva de pegamento para las diferentes facciones existentes que luchan en su seno por copar las máximas cotas de poder.


Podríamos fijarnos en otras latitudes fuera de España para poner ejemplos, pero tampoco hace falta irse muy lejos. Con observar la historia de la dictadura de Franco y las luchas de poder entre los diversos grupos que habitaban en el régimen es más que suficiente. El Caudillo era la referencia de todos ellos, y quién mediaba entre unos y otros que luchaban para conseguir su favor.


Vox, partido que puede ser catalogado de extrema derecha, no tiene ese líder omnímodo al que nadie ose rechistar. Está claro que Santiago Abascal no tiene las dos virtudes necesarias para cumplir ese papel: carisma y ascendiente entre los que teóricamente están por debajo de su figura.


Abascal fue escondido en la campaña para las generales, cosa sorprendente, y ahora mismo con la crisis para formar gobiernos autonómicos o locales está absolutamente desaparecido. Su papel lo están llevando a cabo el matrimonio formado por Carlos Espinosa de los Monteros y Rocío Monasterio, así como, en menor medida, Javier Ortega Smith.


Los medios e intelectuales conservadores que desean gobiernos del Partido Popular en lugares donde estos, Ciudadanos y Vox deben llegar a acuerdos, se han dado cuenta y tras la investidura fallida en Murcia han comenzado a atacar a los verdes por este flanco. Pero esta interpretación tiene cierto poso de verdad: en Vox hay una lucha de egos al no haber un líder único que lleve la batuta. Y las apariciones públicas de unos y otros lo demuestran.


La crisis de la negociación murciana, donde Abascal casi no apareció y quien llevó la voz cantante fue el matrimonio Espinosa-Monasterio, es una buena muestra de ello. ¿Qué pinta un portavoz en el Congreso o la candidata a la Comunidad de Madrid decidiendo en Murcia? ¿No es eso cosa del presidente del partido o del secretario general Ortega Smith? ¿En qué clase de partido el vicesecretario de relaciones internacionales o una presidenta regional deciden tanto o más que los cargos máximos? 


En los próximos tiempos estas incongruencias orgánicas pueden convertirse en crisis internas. Y más si son debidamente abonadas por las presiones externas de los que desean que Vox sea una mera muleta del PP de Pablo Casado. Una excisión de su lado más extremo que sea derechita valiente con la izquierda pero complaciente con su antigua matriz cuando sea necesario. 


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