El PP pasa de “corruptos” o “derechita cobarde” a moderador moderado

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Casado (RTVE)


Pablo Casado, líder del PP. Fuente: RTVE


Tras el fiasco electoral de las generales en abril y la consiguiente crisis en el seno del PP, Pablo Casado optó por transformarse de la noche a la mañana en un dirigente moderado que evitara todo tipo de estridencias que pudieran situarlo en el ala más dura de la derecha.


El invento de querer parecer más duro que Vox no había funcionado y estaban cerca los siguientes comicios que podían mandar al actual líder de los de la calle Génova a la papelera de la historia política española.


Las municipales, autonómicas y europeas fueron un nuevo fracaso, pero salvar diferentes plazas manteniendo el poder, sobre todo Madrid, podía servir para vender el hundimiento como una victoria, como ocurrió con Andalucía.


El problema ha venido a la hora de conformar los gobiernos a tres en los distintos lugares donde los populares iban a seguir llevando la voz cantante si llegaban a acuerdos con Ciudadanos y Vox. Nuevamente Casado, ahora mismo carbonizado políticamente, ha tenido que evitar al máximo sus apariciones y declaraciones. 


Mientras tanto sus segundos espadas han debido moverse a un lado y a otro para intentar que los de Albert Rivera, con su simulación de no pacto con la extrema derecha, y Santi Abascal, con su exigencia de formar parte de gobiernos y acuerdos saliendo en la foto con los naranjas, no provocaran la pérdida de las pocas plazas fuertes que le quedan y que han sido su tabla de salvación.


Así que el Partido Popular ha pasado de “derechita cobarde”, para Vox, o de corruptos, para Cs, a un moderador moderado en el que unos y otros encuentran a un mediador para dirimir sus diferencias, salidas de tono e incluso ya insultos. 


Casado gana así tiempo en su plan de agarrarse al liderazgo popular para una vez consolidado poder hacer frente a la amenaza del sorpasso de Rivera y quizás disputarle la Moncloa a Pedro Sánchez. Su problema es que lo hecho hasta ahora sirve para poco en ese sentido. 


Y solo faltaría que al líder socialista le diera por convocar elecciones en otoño de no lograr la investidura. Debe estar Casado rezando cada noche para que eso no ocurra. Con el verano por medio no tendría ninguna capacidad de reacción y pasaría de estar carbonizado políticamente a ser polvo. 


Muchas cosas deberá hacer el líder del PP para cuando acabe el actual sainete de las investiduras autonómicas y locales. La primera, y más difícil, como diferenciarse de los que hoy le hacen jugar a ser intermediario en la derecha española. 


Pasar de ser moderador moderado a adversario feroz que quiere recuperar su terreno parece una cosa improbable de lograr. Y por ahora Casado no ha demostrado ser capaz de hacerlo.


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