Las estrategias en JxCAT con Sánchez se dividen según la situación procesal

El voto de los de Puigdemont no es necesario para el PSOE
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Mas y Torra (Twitter Torra)

Artur Mas y Quim Torra


Artur Mas ha vuelto a visitar a Carles Puigdemont, pero esta vez en Ginebra. La última vez, no hace mucho, fue para rendirle pleitesía como nuevo líder del espacio post-pujolista que se está gestando entre bambalinas, para acabar con el PDeCAT y otros inventos como La Crida, y dar forma final a JxCAT como marca de referencia.


Esta vez el tema era sobre el papel que en la investidura de Pedro Sánchez debían tomar los suyos en el Congreso de los Diputados. Ciertamente sus votos poco pintan para lograr un gobierno socialista, pero sí que tienen un carácter simbólico ante la opinión pública, especialmente la catalana, sea esta unionista o procesista. También hacia el Gobierno español y otros poderes del Estado.


Los nacionalistas catalanes bajo la batuta de Waterloo se definen ante esta cuestión como dos grupos perfectamente compactados que divergen en la respuesta a dar. Por un lado están los de la negativa a ultranza, más proclives a medidas unilaterales; por el otro los de la abstención, que creen en la independencia pero abogan por la negociación. Este es un tema peliagudo que podría partir en dos a la formación y convertir un espacio hoy unido en dos partes distintas. 


En el grupo de los de la unilateralidad y el conflicto constante con España estaría el propio Puigdemont, Quim Torra y las dos diputadas en el Congreso que hoy llevan la voz cantante en Madrid, Laura Borràs y Miriam Nogueras


Por los del intento de bajar la tensión y permitir al líder socialista gobernar absteniéndose se encontrarían, curiosamente, Jordi Sànchez, Jordi Turull y Josep Rull, los diputados encarcelados. También Mas, con problemas con la justicia e inhabilitación hasta el año que viene.


Así que no es difícil observar que las distintas posiciones de unos u otros dependen, más que de la ideología, por su estricta situación procesal personal. Los que están en libertad apuestan por la línea más intransigente y los que prefieren un ejecutivo con quien poder tender puentes por si en algún momento puede variar su situación personal.

 

Un gobierno de Pablo Casado o Albert Rivera sería mucho más difícil que accediera a vías donde reinara el entendimiento con los procesistes, por no decir que imposible dadas las posiciones sobre este tema de la derecha española hoy. Son polos opuestos y la única fórmula posible de distensión es la opción Sánchez. Ahora y en el futuro más cercano.


Lo que ha quedado claro en todo esto es que tras el fracaso de la vía unilateral las medidas del aparato judicial sobre el nacionalismo catalán, incluyendo aquí también a ERC, han causado mella en la llamada unidad del independentismo que se observaba antes del Referéndum del 1 de octubre de 2017. 


Las distintas posiciones de aquella época, mucho más beligerantes, a las que tienen hoy  Rull, Turull, Sánchez o Mas son buena prueba de ello. El peligro de una escisión dentro del espacio post-convergente, que está intentando frenar Mas, simplemente indica que la cosa puede ir a peor. “Divide y vencerás”, deben pensar algunos algunos de sus enemigos y adversarios. 


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