​A Albert Rivera le puede pasar lo que a Manuel Fraga

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Albert Rivera (video Cs)


Albert Rivera, líder de Ciudadanos. Fuente: Vídeo Cs


El ya fallecido Manuel Fraga era el líder indiscutible de Alianza Popular en la década de los ochenta. Había tomado el monopolio de la derecha española y no había nadie capaz de sacarle de su trono. Ni los pésimos resultados electorales frente al PSOE de Felipe González, ni los delfines que le rodeaban y querían ocupar su puesto.


Pero cometió un error fatal en el año 1986 a cuenta del referéndum de la OTAN. Los bancos y la patronal abogaban por un voto afirmativo en la consulta por ser beneficioso para sus intereses, pero el líder de la derecha, al que apoyaban y financiaban, se atrevió a lanzar la famosa frase “el cuerpo me pide votar no”, aunque luego se abstuvo.


Ese fue el principio del fin de su carrera en Madrid como líder conservador. Los poderes tácticos que sostenían al futuro PP se lo dejaron bien claro: ni un duro más para AP si él seguía como jefe. Y así fue como cayó: por morder la mano que le daba de comer.


Albert Rivera en el consejo general de Ciudadanos, con su “que presenten un partido político”, ha lanzado un mensaje que parecía iba dirigido a los críticos, pero luego esta idea ha sido negada por su equipo afirmando que se refería a bancos, patronal o sindicatos.


Deberá tener el líder naranja buen cuidado con las palabras que dirige en público contra poderes que en el ámbito de la derecha pueden ser fundamentales para sostenerse financieramente. Si Ciudadanos ha dado un giro de carácter derechista lo deberá hacer en todo, incluso en esto. 


De otra forma será bastante improbable que esos mismos poderes y sus tentáculos mediáticos retiren algún día su apoyo a Pablo Casado para dárselo a su formación. Si ese es su plan puede entrar en un terrero de arenas movedizas en el que puede acabar hundido.


Una cosa es que no quiera apoyar a Pedro Sánchez aunque reciba presiones, algo que puede sortear con más o menos habilidad, y otra muy distinta señalar a entes como la banca o la patronal -no los sindicatos, claro está- que son sus socios potenciales no tan solo para llegar al poder, también para sostenerlo en la jefatura de su partido. Fraga le hubiera podido dar buenos consejos sobre ello.


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