La derecha unionista se encalla en Catalunya

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Casado (RTVE)


Pablo Casado, presidente del PP. Fuente: RTVE


El espectro político representado en su día por el Partido Popular en Catalunya es hoy irrelevante tanto cuantitativa como cualitativamente. En determinados momentos de la actual etapa democrática la derecha española llegó a ser la tercera fuerza a nivel catalán en el Parlament, cosa hoy impensable para una formación como el PP, que a duras penas sobrevive en tierras catalanas.


Con la derecha española hoy dividida en tres formaciones el escenario no ha mejorado. Si bien es cierto que Ciudadanos fue el partido más votado en las últimas autonómicas catalanas, no lo es menos que eso fue antes de que Albert Rivera decidiese que los naranjas dieran un volantazo ideológico con destino al espectro derechista para tomarlo como propio.


Sus resultados en Catalunya en los comicios celebrados durante este año demuestran que ese intento de colonización del espacio de los de Pablo Casado no le ha beneficiado en nada. Era lógico puesto que el espacio de los de Génova aquí hace tiempo que entró en declive. Ni Inés Arrimadas en las generales, ni en las europeas se ha vuelto a repetir su cenit de las autonómicas.


Las municipales además, donde no se han conseguido ni una sola alcaldía, demuestra no solo la falta de una estructura fuerte como partido a nivel territorial, también que su actual situación en el tablero ideológico no gusta. 


Con Vox la situación de los conservadores es exactamente el mismo. El partido de extrema derecha de Santi Abascal solo consigue en Catalunya tres de los 529 concejales que ha obtenido en toda España. Hasta PxC consiguió más en su día. El resto de los comicios no hace falta ni citarlos por la irrelevancia que ha demostrado una concepción ultra del nacionalismo español. 


Así que ese espacio conservador que durante décadas detentó la derecha española en Catalunya se ha comprimido hoy tanto que se puede decir que en los actuales tiempos no juega ningún papel relevante. Su antiguo paladín, el PP, tiene muy complicado volver a monopolizarlo, tal y como demuestran sus pírricos resultados electorales. 


Y no es tan solo por la aparición de competencia, que también, el declive comenzó mucho antes cuando desde Génova decidieron que su sucursal catalana podía servir para otros intereses más allá del Ebro. Realmente en Catalunya la actual crisis que padecen los de Casado comenzó mucho antes que en el resto del Estado.


Este espacio ideológico, igual que el existente en su día para CiU, dicen algunos que sigue latente en la sociedad catalana. Es posible. Pero mientras el Procés siga dirigiendo la vida política catalana seguirá bien dormido y estará encallado. 


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