Pablo Iglesias paga sus errores con Podemos ante Sánchez

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Pedro Sánchez y Pablo Iglesias (RTVE)


Pedro Sánchez y Pablo Iglesias


Tras su intervención en el Consejo Estatal de Podemos del 8 de junio dos fueron las autocríticas que Pablo Iglesias emitió en público. Una la falta de estructura como partido de los morados. La otra las distintas denominaciones que presentaba la formación en cada territorio y que podía generar equívocos en el electorado.


Si uno se fija ambos aspectos están relacionados, ya que obedecen al nivel organizativo de lo que debería ser un partido. Y viniendo de un antiguo militante comunista como es Iglesias resulta curioso que ambos aspectos no hubieran sido tenidos en cuenta en el instante de la fundación de Podemos como partido.


Realmente los partidos políticos tal y como los conocemos hoy en la mayoría de lugares, y especialmente en España esto es así desde la transición e incluso antes, tienen una estructura jerárquica bastante parecida, aunque se intenten diferenciar unos de otros por motivos claramente ideológicos.


Así no es extraño que Jorge Verstrynge, paradójicamente muy cercano a Iglesias, no tenga empacho en reconocer que cuando era secretario general de AP y organizó el partido de Manuel Fraga lo hizo tomando como modelo organizativo el que había dispuesto Lenin para el Partido Comunista


Un modelo centralizado y jerárquico. Todo lo contrario a lo que han sido los morados desde sus inicios. Tal vez esto hubiera sido demasiado rígido, pero todo lo contrario no es tampoco mejor, tal y como se ha visto.


Ciertamente Iglesias ha sido en Podemos la cara visible de la organización. Pero por lo visto hasta ahora a nivel interno ese liderazgo no se ha concretado y ha dado como resultado un desaguisado electoral que están pagando a la hora de negociar con Pedro Sánchez.


Podemos puso mucho empeño en lograr buenos resultados en los comicios importantes (generales, autonómicas y grandes ciudades), pero olvidó que si algo distingue a una organización política fuerte de otra cosa es su poder territorial.


Si PSOE y PP se han sostenido tras el derrumbe del bipartidismo es precisamente por eso: su capacidad de ganar elecciones en, por ejemplo, municipios mediando o pequeños. Si un partido quiere ser grande debe plantar batalla en cualquier lugar. Y eso los morados no lo han hecho. O si lo han intentado no lo han hecho bien.


En la actualidad con una opinión pública que no valora a Iglesias como hace pocos años, y con un partido carcomido por las disputas internas y los abandonos, será muy difícil para el líder morado solventar las autocríticas a las que se refirió.


La única tabla de salvación que le queda es un gobierno de coalición con Sánchez al que éste se resiste. Y lo hace sabiendo que tiene ante sí un interlocutor débil que está pagando sus errores de los últimos años. Quizás es demasiado tarde para que Iglesias lidere los cambios que urgen en su formación. 


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