El Procés sigue con el monopolio de la “democràcia” y “la llibertat”

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Quim Torra (Twitter Torra1)


Quim Torra


Si algo se escuchó en los alegatos finales de los políticos presos juzgados en el Tribunal Supremo en estos últimos meses fue nuevamente el tan manido relato procesista donde la democracia, la libertad, las urnas y demás son las estrellas invitadas.


Parece ser que solo en el seno del Procés anidan estas figuras ideológicas. Es más: parece que hasta que no llegó a nuestras vidas ni tan siquiera existían. O que fuera de Catalunya, en el resto del planeta Tierra, no existen tales cosas, mucho menos en los demás territorios de la Península Ibérica que forman parte de España, eso por supuesto.


Fuera del famoso juicio las cosas no son muy distintas. Solo hay que escuchar un rato a Carles Puigdemont, Quim Torra y compañía para percatarse que solo ellos, y sus seguidores, poseen en su esqueleto moral las virtudes democráticas y cívicas que toda sociedad debería ostentar.


Se ve que pedir un referéndum por la independencia es lo único que te convierte en demócrata de toda la vida. Y esto aunque en el “Full de ruta” que presentaron JxSí (CDC y ERC) en las plebiscitarias del 2015 el referéndum no salía ni mirándolo de canto.


Lógicamente con esa superioridad moral previa respecto a los que exiges que se sienten a negociar es difícil que te hagan caso. Más o menos el mismo que cuando Puigdemont le ofrecía a Mariano Rajoy sus dos famosas alternativas: “o Referéndum o Referéndum”. No había más.


Pero lo cierto es que en España hay urnas, como hemos podido comprobar en las últimas semanas. También hay un Estado de derecho y una democracia que con todas sus imperfecciones no está puesto en duda por nadie en el exterior excepto en la mansión de Waterloo y en un informe de un "Grup de Treball" que apareció hace dos días, y al que fuera de aquí no le hacen demasiado caso.


Realmente quien frena cualquier tipo de diálogo son aquello que se creen con el monopolio de la verdad y viven pensando que los demás no la tienen. No quieren negociación, quieren pleitesía. Y con esa actitud de superioridad moral lo único que se han encontrado, se encuentran y se encontrarán es el rechazo.


Mientras no reconozcan al otro, especialmente a los catalanes que no comulgan con sus ideas, y sus intereses, que no tienen porque pasar por la independencia, será difícil que se desencalle el avispero catalán.


Que un President de la Generalitat obvie a dos millones de catalanes no secesionistas es tan grave, o incluso más, como que el Estado español no escuche a dos millones de independentistas. 


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