​Un año de Quim Torra. Un año perdido

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Quim Torra (Govern Twitter)

Quim Torra, presidente de la Generalitat. Fuente: Twitter Govern Torra


El president de la Generalitat, Quim Torra, ha hecho hoy balance público de un año de mandato. Llegó al cargo después después de varios intentos con otros candidatos que por sus circunstancias procesales no podían acceder al mismo. Llegó al cargo básicamente para ser un cargo teledirigido desde Waterloo.


Su pasado además no acompañaba mucho para ostentar la presidencia de una institución que debería representar a todos los catalanes. Sus polémicos tweets y artículos dejaban claro que para Torra un catalán debe de ser de una determinada manera, que no es otras que la marcada por cualquier ideología nacionalista de las que pululan por el mundo. Un pueblo una única cultura.


La parálisis de las instituciones catalanas ha sido la tónica habitual. No ha habido actividad ejecutiva y la legislativa ha sido testimonial, cuando no nula. Cuando Torra defiende que no es un presidente provisional no engaña a nadie realmente; simplemente no es un presidente, por mucho que formalmente ostente el cargo y se haya subido el sueldo un par de veces.


Quim Torra es lo más parecido a un hincha de fútbol trasladado a la política. En Catalunya lo que ha sucedido con su persona sería muy parecido a si se aupara a un miembro de los Boixos Nois a la presidencia del FC Barcelona


Carles Puigdemont debió elegir para el cargo a alguien lo suficientemente incapaz y fanático para que no le movieran desde dentro de la silla del liderazgo del Procés, como hizo el mismo con Artur Mas. Y Quim Torra fue la solución.


En cuanto salga la sentencia del juicio, o ERC se canse y opte nuevamente por asaltar el puesto de Puigdemont, se habrá acabado el paripé que aupó a Torra como presidente de paja. Entonces pasará a la historia. Y solo se recordarán sus fotos paseando a su querida botella de Ratafia. Poco más. 


   ​Un Procés coordinado en los medios