EDITORIAL

Las líneas rojas de Colau no sirven ante el ofrecimiento de Valls

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Ada Colau (CCMA)


Ada Colau


Tras la oferta de Manuel Valls de entregar sus votos sin ninguna condición a Ada Colau para que forme un gobierno municipal en Barcelona sin los partidos procesistas junto a Jaume Collboni resulta extraño que la actual alcaldesa no recoja el guante y continúe en el cargo aplicando las políticas que siempre ha creído tan necesarias.


Y lo extraño de todo esto es que por la parte de ERC su candidato Ernest Maragall sí que le está pidiendo contrapartidas en forma de pactos con lo que ella considera derecha, esto es JxCAT. El pacto “de las izquierdas” que quiere conformar Colau con los republicanos, socialistas y comuns ya se ha demostrado imposible tanto por parte de la propia ERC como del PSC, que no están por la labor.


Ante este escenario seguir repitiendo la misma idea como si se fuera a materializar por arte de magia es perder el tiempo. Las ofertas están claras. Y los posibles resultados para la ciudad de unas y otras también.


Si la balanza se decanta por lo que desea Maragall, Barcelona solo tiene que mirar la clase de gobierno que hay instalado en la Generalitat y sus resultados. La nada más absoluta y una actividad dedicada casi exclusivamente al folklore y el victimismo permanente. ¿Es eso lo que quieren realmente para la ciudad Colau y los suyos?


Colau no quiere que el gobierno municipal se mueva en líneas nacionales y desea que se dé una gestión basada en una política de izquierdas. Como el tripartito que esgrime por activa y por pasiva no se dará deberá buscar alternativas para llevar ese proyecto a cabo. 


Y por ahora la única opción clara es la que le ofrece Valls: abstención sin condiciones. Todo lo demás es Procés y más Procés. Precisamente lo contrario a lo que necesita en estos momentos la ciudad, que no se puede permitir un alcalde inestable o una parálisis institucional. El fin a veces justifica los medios. Y las líneas rojas ante el escenario existente ya no sirven. 


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