Con el Procés las victorias simbólicas foráneas están de moda en Catalunya

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Comu00edn y Puigdemont (JxCat)

Carles Puigdemont y Toni Comín ante el Parlamento Europeo. Fuente: Twitter JxCat


Tras un superdomingo electoral parecía que la semana se centraría en los pactos entre unos y otros para conseguir esta o aquella institución. Eso sería lo normal en cualquier lugar del globo... excepto en Catalunya, donde gracias al Procés el simbolismo ha tomado toda la realidad hasta arrinconar incluso lo que es verdaderamente relevante.


En dos días la lucha entre procesistes y unionistes se ha desplazado en un tiempo récord a instancias foráneas que dan razones a unos u otros. Así el primer golpe de efecto surgió del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) al sentenciar las actitudes del movimiento secesionista a raíz de un recuso del mismo.


Según el TEDH el Tribunal Constitucional había actuado bien al suspender el pleno del 9 de octubre de 2017 donde Carles Puigdemont iba a valorar los resultados del 1-O viniendo a decir que el Parlament, presidido por Carme Forcadell, no había utilizado medios legales y democráticos. 


El segundo golpe, esta vez de una instancia extranjera al unionismo, nace de las conclusiones de un grupo de trabajo de la ONU que considera que las detenciones de Oriol Junqueras y los Jordis son arbitrarias por no haber ejercido violencia ni haber incitado a otros a la misma.


A partir de aquí unos y otros se han enzarzado en hacer visible lo que les convenía y olvidar o poner peros a lo que no les favorecía. Y cuando decimos "unos y otros" incluimos no tan solo a la opinión pública, también a medios de comunicación, incluso de carácter público como Catalunya Ràdio, donde Mónica Terribas ni se ha dignado a nombrar la sentencia del TEDH.


En Catalunya la aparición del Procés ha llevado el día a día a unos niveles de paroxismo tal donde ya no extraña que la portavoz del Govern, Meritxell Budó, se atreva a afirmar en una rueda de prensa que el independentismo ha ganado en Barcelona, y cuando le dicen que suman solo 15 regidores y no suman tal mayoría dice... que han ganado en Barcelona otra vez sin ponerse roja como un tomate.


El simbolismo y mantener prietas las filas han llevado a una situación donde al votante catalán le da igual una opción u otra. Si al final será lo mismo: la nada más absoluta envuelta, eso sí, de una épica gloriosa buscada más allá de los Pirineos. 


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