​El volantazo de Casado hacia el centro puede llevar a un motín interno

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Casado Ayuso Almeida (Twitter Casado)

Casado junto a Díaz Ayuso y Almeida. Fuente: Twitter Casado


La inapelable derrota del Partido Popular de Pablo Casado en las elecciones del domingo 28 de abril parece que ha puesto los nervios a flor del piel en el hasta hace poco partido único de la derecha española. En menos de cien horas el líder popular ha decidido cargarse a los jefes de campaña y tomar un incierto camino hacia el centro político.


La decisión de apartar a Javier Maroto y Teodoro García Egea puede tener cierta lógica si busca señalar a unos responsables del descalabro en las generales. Digamos que es la forma en que Casado justifica su continuidad en el cargo tapando sus errores con el sacrifico de sus subalternos.


Lo que ya es más discutible es el volantazo que da con el mensaje político de los populares, que pasan de ser una formación que se mostraba hasta el 28-A como de derecha pura y dura, para intentar proyectar ahora una imagen de moderación y mesura.


El objetivo es que nadie los identifique con el Vox de Santiago Abascal, al que ahora tildan de extrema derecha, y optar a diputar el centro-derecha a Albert Rivera y Ciudadanos. Poca broma porque este PP de Casado es el mismo que la semana pasada ofrecía a la extrema derecha entrar en su futuro Consejo de Ministros y que se mostraba muy cercano a los naranjas en los debates televisados.


Casado ha demostrado que el miedo le invade y le hace tomar decisiones precipitadas, incoherentes y que no sirven para nada más que desgastar su liderazgo y ponerlo en entredicho. El relato de un partido político y de su candidato no se construye en cuestión de horas ni de días.


Además ahora a lo que se enfrentan los populares es a unas elecciones europeas, autonómicas y municipales donde quienes tienen que mostrar el mensaje deberían ser otros, no un candidato perdedor con un liderazgo puesto en duda. La decisión de Casado lo único que puede provocar es que el motor electoral de los populares gripe totalmente y el elector se aleje aún más.


Si Casado estuviera bien asesorado y no tuviera pavor haría lo mismo que Mariano Rajoy tras perder dos generales en sus inicios; apartarse de la escena, recomponerse y volver a empezar. La suerte para el actual jefe de la calle Génova es que el PP sigue siendo un partido fuertemente jerarquizado donde lo que dice el líder va a misa y es difícil que se dé un golpe interno para sustituirlo.


Pero incluso teniendo todo a favor con actuaciones como estas lo único que puede provocar es que su salida por la puerta de atrás llegue más pronto que tarde. Un hundimiento electoral el 26 de mayo si podría convertirse en el pistoletazo de salida de un motín en el barco del Partido Popular por parte de una de las familias políticas que se vea con fuerza. 


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