Casado y Rivera se equivocaron regalando el centro a Sánchez

El PSOE en estas semanas ha sabido mostrarse como refugio del votante moderado
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Pablo Casado en la manifestación de Plaza Colón


La aparición de Vox generó un temor inusitado en la derecha española tradicional, representada por el Partido Popular, y la derecha española más contemporánea, con el giro de Ciudadanos hacia ese espectro ideológico.


Bajo esa idea las dos formaciones conservadoras se centraron en jugar en el terreno de juego de la derecha olvidando lo que siempre ha dado la mayoría en las elecciones españolas: el centro político.


Pablo Casado lanzó unos mensajes al electorado que ni el propio José María Aznar se hubiera permitido pronunciar en las veces que se presentó como candidato a la presidencia del Gobierno. Y todo con la idea de frenar a los de Santiago Abascal y Albert Rivera. Con los resultados en la mano resulta que la mayoría de los electores que han abandonado al PP, la mitad de lo que obtuvo en 2016, se han marchado a las filas del PSOE. Afirmar el viernes que permitiría entrar a la extrema derecha en un hipotético gobierno presidido por él es una buena muestra de que su viraje hacia el los confines del territorio conservador ha sido un desastre para su partido y para su persona. Los cuchillos ya están afilándose dentro del partido que fundó Manuel Fraga.


Albert Rivera se empecinó en mostrar desde un primer momento que no dudaría en ser la muleta del PP y no la del PSOE. Si hubiera optado por mantener un mensaje centrista seguramente este domingo 28 de abril hubiera rebasado a los populares y se hubiera convertido en la nueva formación de referencia en la derecha. Su insuficiente subida en el contexto del desaguisado de los de Casado muestra que regalarle el centro a Pedro Sánchez con su hostilidad hacia los socialistas fue un error. Otro tema es su constante acento en el tema catalán sin contemplar que quizás eso puede funcionar en Catalunya, pero en el resto de España hay que ofrecer algo más. 


El PSOE en estas semanas ha sabido mostrarse como refugio del votante moderado que no concebía un gobierno con la ultraderecha y que no quería un enfrentamiento constante con Catalunya desde Madrid. Ese elector, mayoritario y que no es cautivo de ningún partido, es quien ha dado la victoria a Pedro Sánchez llegando tanto desde Unidos Podemos como de, sorpresivamente, partidos como el propio PP. Quien se queda sin botín es Rivera. 


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