​Puigdemont muestra sus cartas con Comín y da aire a Pascal

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Carles Puigdemont (Twitter Puigdemont)

Carles Puigdemont. Fuente: Twitter Puigdemont


Tras el anuncio de que Carles Puigdemont incluiría como número dos y hombre de confianza a Toni Comín en la lista que encabeza para las europeas las reacciones no se ha hecho esperar. 


Las críticas con la decisión se han centrado principalmente en que él todavía diputado en el Parlament por ERC ha cambiado de formación en los últimos seis años hasta tres veces (PSC-ERC-PDeCAT). Las favorables lógicamente se han felicitado porque lo interpretan como un paso hacia la “unitat d’acció” que constantemente reivindican.


Pero casi nadie ha puesto el acento en algo que es realmente relevante, más allá de los constantes cambios de camiseta de un señor que hace poco afirmaba que se haría militante de los de Junqueras (cosa que al final no hizo). Y este no es otro tema que la estrategia de Puigdemont para conformar sus listas y el entorno que desea que gire alrededor de su persona, como líder único, en los próximos meses.


Así si para las elecciones del 28-A seleccionó a los presos y a sus más fanáticos seguidores (Laura Borràs, Míriam Nogueras, Josep Maria Matamala, etc), cosa no muy distinta a lo que hizo de cara a las municipales (Elsa Artadi), faltaban las europeas por concretar. El casting que se había ido deslizando las últimas semanas incluía nombres tan sorprendentes, y poco queridos por los procesistes, como el de Bea Talegón.


Al final el “president legítim” se ha lanzado por una senda que nuevamente obviaba a la vieja guardia del PDeCAT, pero que esta vez se centra en personalidades nacionalistas fuera de la órbita pospujolista tradicional. El mejor ejemplo de ello es la elección de Comín, pero también la de Gorka Knörr, expresidente del Parlamento Vasco.


El inquilino de Waterloo muestra así sus cartas para un futuro donde el espacio de centro-derecha de la extinta CDC es pulverizado como objetivo en las elecciones, para centrarse únicamente en la hegemonía del espacio nacionalista. Queda así fuera de su interés el binomio “izquierda-derecha” tradicional fichando a gentes que le pueden proporcionar apoyos de distintas sensibilidades de un campo procesista donde lo que cuenta es quien es más independentista.


La batalla está planteada frente a Junqueras, CUP y compañía. Todo lo demás lo deja fuera puesto que sabe que jamás pescará un voto del sector unionista catalán, al que obvia como si no existiera. Eso jamás lo hubiera hecho Jordi Pujol, especialista en captar voto de cualquier sensibilidad. Lo que propone Puigdemont es una ruptura total con todo ese pasado, para levantar algo nuevo a su servicio con muy pocas piezas del mundo viejo que le seleccionó en su día para que lo liderará.


Y aquí es donde entra en juego Marta Pascal y los que se consideran herederos directos del pujolisme. Con el movimiento transversal de Puigdemont presumiblemente quedaría un espacio ideológico huérfano de referente. 


Sería difícil cuantificar numéricamente cuanto pesa hoy ese electorado, pero la esperanza de la excoordinadora del PDeCAT, defenestrada por Puigdemont, es que tenga el suficiente para anidar una nueva formación que les preste cobijo del huracán procesista hasta que este pase y la situación vuelva a un contexto menos polarizado por la situación creada tras el referéndum


Ahora tocará ver en qué sentido se mueve esta sensibilidad y si ello provoca una excisión de un PDeCAT que ahora mismo es ya un juguete roto. 


   Pascal muestra que los herederos de Pujol pueden dividirse