​EEUU enseña a China a ser una superpotencia sin importar la alta pobreza

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Xi Jinping y Trump (White HOuse Wiki)

Los líderes de China y EEUU, Xi Jinping y Donald Trump. Fuente: White House


Decía Mao en el final de su vida que con el poder en sus manos sólo había podido cambiar algunas calles de alrededor del centro de Pekín y poco más. Tras su muerte llegó a la cúspide de la República Popular de China un dirigente más pragmático y resultadista, Deng Xiaoping. En 1978 su ascenso al poder cambió la estrategia del país asiático de forma radical por caminos distintos a los tomados hasta entonces.


Su famosa cita “no importa que el gato sea blanco o sea negro. Mientras cace ratones, es un buen gato” viene a constatar que tipo de ideario dirigiría a China en los siguientes años. Se dice que fue pronunciada para ridiculizar la frase de Mao en plena Revolución Cultural de los años 60 que afirmaba que “es mejor ser pobres bajo el socialismo, que ricos bajo el capitalismo”, pero ciertamente transcendía a la mera burla como más tarde se ha demostrado.


Xiaoping era igual que Mao en el aspecto de defender el control político de la sociedad china por parte del partido comunista, pero entendía que, con sus propias palabras, “la pobreza no es socialismo”. De esta forma lideró la transformación de la China agraria y atrasada, casi feudal, hacia una economía de mercado y la creación de empresas de estilo capitalista. En los 90 del siglo pasado las reformas económicas ya habían logrado sacar a unos 170 millones de campesinos de la extrema pobreza.


En las memorias de Alfonso Guerra este cita una entrevista que tuvo con Xiaoping. En la misma el líder chino preguntó por la población española y al compararla con la de China, el país más poblado del mundo, dejó caer las dificultades que entrañaba subir el PIB un dólar para cada habitante chino.


En el panorama internacional si alguien puede discutirle la hegemonía mundial a EEUU esa es China. Su candidatura a superpotencia no crea ninguna duda en ningún rincón del planeta, pero eso no quiere decir que eso en el futuro no pueda darse. 


Ha sucedido en varias ocasiones que estados pujantes se han hundido de un día para otro por causa de sus contradicciones. Un ejemplo cercano sería el de Japón. En 1989 paso de proyecto de potencia mundial a una depresión económica que dura hasta nuestros días. Y eso sucedió en cuestión de meses, por lo que ni el más fino analista puede prever las contingencias que pueden deparar unos giros históricos brutales que transforman lo que parece evidente en papel mojado.


Si algún problema tienen los dirigentes chinos hoy es todavía la pobreza. Por mucho que los avances económicos hayan hecho prosperar el país y traído una mejora a parte de la población no se ha conseguido de una manera plenamente satisfactoria. Se observan todavía muchos rasgos propios de un país del Tercer Mundo. Según datos del Banco Mundial existen millones de chinos con un nivel de ingresos situado por debajo del umbral de pobreza. Eso genera que China todavía no sea vista con un nivel suficiente para superar a EEUU, e incluso Rusia, en la búsqueda de la hegemonía mundial.


¿Pero es la pobreza realmente un elemento que pueda frenar un futuro chino de superpotencia? Si giramos nuestra vista hacia los Estados Unidos podremos ver que esa opinión puede ser más que discutida. En diez estados de esta nación alrededor del 15% de la población vive bajo el umbral de la pobreza. EEUU es hoy una de las economías desarrolladas con mayor pobreza y donde campa la desigualdad a sus anchas. La idea del 'sueño americano', santo y seña estadounidense, se ve así hoy como un mero slogan que no se ajusta a la realidad que se vive dentro de sus fronteras.


Los EEUU son hoy el Estado de la OCDE en séptimo lugar con mayor desigualdad de ingresos. Está en el cuarto lugar con mayor proporción de población que vive por debajo del umbral de la pobreza y es el tercero con mayor brecha en este campo tras Sudáfrica e Italia. Es paradójico que un lugar con una economía tan desarrollada presente unos datos tan escalofriantes en materia de vida de sus habitantes. 


El país dirigido hoy por Trump no ha sabido construir nunca un Estado del Bienestar por mucho que se haya asentado en la riqueza. Todo intento de ir por este camino ha topado con la negativa y freno de una ideología conservadora representada sin duda por el Partido Republicano. Iniciativas lanzadas a la cuneta como la Obamacare, para dar una mínima cobertura sanitaria, son una buena muestra de ello.


Así que los norteamericanos han demostrado que se puede tener una economía altamente desarrollada en sus números macroeconómicos, pero donde conviven internamente proyectos de éxito conjuntamente con una pobreza y desigualdad como parte del paisaje micro. Los chinos pueden observar así que la pobreza, incluso siendo muy alta, es posible que perviva como rasgo interno pero siendo cada vez menos importante en su plan de situarse en el globo como potencia mundial.


Así no es de extrañar que China haya desarrollado estrategias alejadas directamente de la economía que suponen un gran gasto, pero que no van dirigidas concretamente a mejorar el nivel de vida de su población. En otras palabras: no están destinadas a 'cazar ratones' estrictamente, como era la idea del fundador de las reformas, Xiaoping. El aumento del gasto militar o la entrada en la carrera espacial son buenos ejemplos de esto.


Por tanto aunque la pobreza sea un claro desafío en el camino de la República Popular, los EEUU muestran que puede llegar a ser superpotencia con un grado alto de la misma mientras juegue sus cartas con éxito en otros campos. El problema es que Rusia, cuando era la URSS, ya lo intentó en su día con una economía distinta y fracasó. China presenta unos rasgos muy diferentes a lo que era entonces la Rusia de economía planificada, pero eso no quiere decir que el gigante que se nos presenta no pueda tener los pies de barro. Sobre la pobreza (y la economía en general) es muy fácil teorizar sobre el papel. Otra cosa es el manejo de la realidad.


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