​La CUP comienza a implosionar desde dentro

Quim Arrufat también se va
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Quim Arrufat (CCMA)

Quim Arrufat, exdiputado de la CUP. Fuente: CCMA


Las contradicciones acostumbran a tener su precio en política. Puede suceder más rápido o más tarde, pero siempre acaban aflorando en forma de menos apoyos y desgaste. El grado de la lesión puede ser mayor o menor, pero si las contradicciones son demasiado numerosas estas pueden dejar a un partido en fase terminal. También acostumbran a reproducirse en el tiempo, por lo que es muy difícil atajarlas.


La CUP vive en estos momentos esa situación. Desde que apareció en la política catalana sus actuaciones se han bañado de continuas controversias que le han puesto en la picota ante unos y otros. Odiada a veces por los independentistas y siempre por los unionistas sus giros de volante la mayoría de veces generaban estupefacción a un lado y a otro.


Se pueden recordar varios episodios. El abrazo de David Fernàndez con Artur Mas para meses después forzar que se mandara al precursor de Carles Puigdemont al "cubo de la basura de la historia". Su presentación como antisistemas pero dando apoyo a los partidos del sistema (PDeCAT y ERC) sin que estos cumplieran lo prometido, principalmente en materia presupuestaria... Hay varios ejemplos.


En general el principal talón de Aquiles de los cuperos es presentarse como extrema izquierda pero desplegando un mantra nacionalista impropio de esa sensibilidad política. Ese extraño juego le ha generado la mayoría de problemas que ahora mismo tiene. Se pensó en su momento que pasar de diez a cuatro escaños de 2015 a 2017 (un 40% menos de los votos) había sido el peaje a pagar. Las encuestas posteriores a ese hundimiento daban esperanzas a los hoy capitaneados por Carles Riera en el Parlament. Un mero espejismo. Las contradicciones siguen ahí.


En estas últimas semanas ha comenzado una implosión de la CUP por dentro. Primero fue que Poble Lliure se desmarcara de la renuncia de la formación cupera a presentarse al 28-A uniéndose al converso Dante Fachín en su nueva aventura llamada 'Front Republicà' que provocó un enfado morrocotudo pero sin consecuencias.


Después vino el tema del abandono de Mireia Boya de la secretaría nacional por una supuesta “agresión psicológica” de un compañero. Que un partido que habla en femenino no haya sido capaz de actuar de ninguna forma en el tema ha despertado las iras de las bases y una imagen externa que los deja por los suelos. Otra contradicción que se acabará pagando.


Pero la cosa no ha quedado ahí. Ocho días después se produce una segunda baja de calado. El exdiputado Quim Arrufat, un referente ideológico de la formación, se ha borrado en el último momento para repetir en las listas a la alcaldía de su municipio, Vilanova i la Geltrú (Barcelona). En una carta publicada en redes sociales desvincula su marcha de cualquier discrepancia con el proyecto cupero, afirmando que es por motivos personales y por agotamiento.


Pero lo cierto es que el gesto es una verdadera puñalada a nivel municipal para los suyos, terceros en Vilanova en 2015, que esperaban con su concurso desalojar del consistorio a Neus Lloveras, alcaldesa gracias a PDeCAT y ERC. Sin tiempo de reacción llama la atención que Arrufat no haya tenido un momento para decirlo antes (afirma que la dirección lo sabía hace un mes), y más con toda la vorágine de Poble Lliure y Mireia Boya.


Las contradicciones han penetrado en el interior de la CUP y amenazan con implosionar a la formación por dentro y hacerla añicos. Veremos si resiste el huracán de la política catalana en los próximos tiempos. Con dos bloques tan polarizados y, lo más importante, con un Quim Torra echado al monte con la secesión, la oferta que siempre lanzan pidiendo la independencia a cualquier precio queda totalmente descafeinada y no parece que vaya a servir para frenar la sangría que ya se vislumbra en su horizonte.


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