​Josep Costa convierte al Parlament en una cámara de partido único

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Costa y Arrimadas (Parlament)

Rifirrafe entre Inés Arrimadas y Josep Costa. Fuente: Parlament


En la primera mitad del siglo pasado los totalitarismos que camparon por Europa se introdujeron en las instituciones para luego desmantelarlas por dentro y reconstruirlas a su imagen y semejanza.


En base a la legitimidad de las urnas de las democracias parlamentarias que abominaban y querían destruir penetraron con fuerza en las cámaras legislativas con la intención de controlar el poder desde esas instituciones. Tanto el partido fascista de Mussolini como el Nazi de Hitler escalaron posiciones con esa estrategia.


Una vez logrado el control suprimieron a la oposición y las transformaron en cámaras de partido único. Y de ahí al dominio total del Estado uniformando la sociedad a su libre albedrío. Solo hay que echar una ojeada a esos momentos históricos para observar como actuaban los presidentes de esas cámaras con la oposición cuando estaban en plena operación de derrumbe del pluralismo político. Y se legitimaban siempre en lo mismo: tenían la mayoría.


Ayer Josep Costa actuó dirigiendo el Parlament como el representante más genuino de un partido único que desea desmantelar a los opositores utilizando un cargo que no está ideado para esos menesteres. Que se atreviera a interrumpir a toda una líder de la oposición, como es Inés Arrimadas, porque no le gustaba lo que le estaba diciendo a su jefe, Quim Torra, muestra el grado de degradación al que ha llegado Catalunya con el Procés.


La mayoría parlamentaria que detentan los partidos procesistas no da ninguna legitimidad para saltarse las normas más básicas de una democracia parlamentaria. Ni el 80% de los votos ni el 95%... nada justifica el acto de tiranía que Costa perpetró ante las caras de estupor de muchos de los presentes.


Lo que está claro es que el vicepresidente primero no puede dirigir ningún debate parlamentario. Es más: Josep Costa no debería ni estar en el Parlament, ni gozar de ningún cargo público. El fanatismo que demostró el miércoles -y que ha demostrado otras veces- lo inhabilitan para representar a los ciudadanos de Catalunya, tengan la ideología que tengan.


Porque una cosa es defender la independencia de Catalunya y otra querer uniformar a su sociedad desde las instituciones para hacerse con su total control por unos pocos destruyendo las más mínimas reglas de un sistema democrático.


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