​Franco contra las cuerdas (1943): la Batalla del Wolframio y las familias en el régimen

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Bundesarchiv Bild 183 L15327, Spanien, Heinrich Himmler bei Franco

Franco y Himmler en su visita a España en octubre de 1940. Fuente: Wikipedia


El régimen franquista visto desde la distancia de más de cuatro décadas tras la muerte del dictador parece monopolizado por su figura. La jefatura del Estado se petrificó en su personalidad, o la que se quería mostrar, y todo parecía girar a su alrededor. La legitimidad de Franco nació inicialmente de ser el vencedor de la Cruzada con su ideología nacional-católica.


Que esto en cierta forma pueda ser interpretado así no puede sustraernos que un régimen político no puede circunscribirse únicamente en pilares como la personalidad de sus líderes, la ideología como substrato en el que fecunda, la fuerza que ejerce sobre su población o la mera propaganda. Los apoyos sociales reales, que en el franquismo se llamaron “familias políticas”, más allá del humo de la mera propaganda deben existir. Y el franquismo los tuvo como cualquier otro. 


Existían y además se enfrentaban o aliaban entre ellos con la figura del Caudillo como elemento común que al final decidía según sus propios intereses de conservación del poder. El franquismo tuvo varias fases. Y una de ellas fue la que se vivió entre los años de su victoria en la Guerra Civil y la finalización de la II Guerra Mundial. El régimen se declaró neutral, pero realmente nunca lo fue. Y jugó con su supuesta neutralidad y simpatías reales o intereses económicos ante unos y otros a intentar sobrevivir como fuera a una tormenta global que hundió finalmente todo lo que había tenido que ver en alguna cosa con las fuerzas del Eje.


Lo relevante de esta etapa respecto a las siguientes en que estas familias políticas tenían que moverse internamente teniendo en cuenta el desarrollo de la Guerra Mundial y hacia donde esta se dirigía. Posteriormente en la posguerra, e incluso cuando la derrota de Alemania e Italia ya estaba clara, el trato con los aliados tuvo otro escenario con la URSS como gran enemigo, pero ya era muy distinto. 


El régimen franquista en el desarrollo del conflicto mundial tuvo que contemporizar con unos y otros, a ser ambivalente según requerían sus intereses y los de los grupos que anidaban en su interior. Esto no quiere decir que todo fuera fruto de un plan preconcebido por un Franco genial, más bien una simple adaptación al contexto como medio por donde estaba obligado a transitar para sobrevivir. Y lleno de tremendos errores como saludar en pleno año 1943 la llegada al poder de José Laurel como jefe del Estado títere de Japón en Filipinas. Como veremos más abajo ese simple gesto casi le vale al franquismo su desaparición por la presión ejercida por EEUU y Reino Unido contra su precaria economía de posguerra.


Así que la unión de las fuerzas que en 1936 dieron lugar al denominado Glorioso Movimiento Nacional se pusieron bajo un paraguas sostenido por el Caudillo y cuyo pegamento era su figura. Grupos muy variopintos entre sí se sentaron en la misma mesa y funcionaron inicialmente para derrotar a la II República para luego pasar a tener a Franco como gran árbitro en sus fricciones. 


El Ejército, Falange, la CEDA, la monarquía y los tradicionalistas, la Iglesia, la burguesía industrial, los propietarios agrarios grandes y medianos... todos ellos son las familias que apoyaron a Franco a tocar el poder para luego abrazarlo y no soltarlo hasta su muerte en 1975. 


Franco para sostener esta situación en el tiempo se aplicó en aparentar ser un árbitro actuando con la prudencia de dejar que sea la lucha de unos y otros la que decante el resultado final y le diera en bandeja una decisión que ya estaba cantada por las propias familias enfrentadas.

La Batalla del Wolframio


Y con ese contexto interno y externo se enfrentó el régimen ganador de la Guerra Civil a su primer examen donde se jugó la supervivencia como tal con enormes dificultades económicas que hubieran podido acabar con hundirlo en la historia para siempre. De forma previa en el año 1942 fue el de la caída del cuñadísimo, Serrano Suñer, que paradójicamente fue mucho más prudente en política exterior que Franco y el entorno que quedó después de su defenestración. 


Incluso Hitler celebró su salida en septiembre de 1942 por entender que jugaba un doble juego con los dos bandos. Ciertamente tras la invasión de la URSS por Alemania el 22 de junio de 1941 Serrano Suñer ofreció a los nazis el envío de unos voluntarios, la División Azul, pero cuando von Ribbentrop le pidió que le declarara la guerra a los soviéticos este se negó por miedo a las represalias de los británicos.


Así que durante el año 1942 la contienda ya se empezó a decantar hacia los aliados por las derrotas de los alemanes en la URSS y por la entrada en la guerra de EEUU. ¿Cómo fue posible que en pleno octubre de 1943 el régimen franquista se atreviera a reconocer a José Laurel y a su Estado títere de Japón en las Filipinas? La respuesta es que la caída del cuñadísimo no se llevó consigo el apoyo de su familia política y del régimen a los nazis, más bien lo contrario.


El Wolframio es un mineral que tiene mucho valor para la industria bélica, por lo que en un momento de conflagración mundial su valor era incalculable. Sirve para elaborar municiones o blindajes de vehículos y municiones. España y Portugal contaban con reservas muy importantes del mineral, de las que carecía Alemania. 


El problema era que la red de contrabando entre la frontera hispano-portuguesa estaba muy desarrollada y era difícil de controlar por EEUU y el Reino Unido. Así que tras el reconocimiento de Laurel por Franco los aliados impusieron a España un embargo total sobre el combustible y le exigieron que no comerciaran con los germanos, controlando por tanto sus exportaciones. Así que España estaba atada de manos y pies sin política exterior auténticamente autónoma que le diera alternativas a la decisión de los aliados.


Esta decisión dejó al franquismo contra las cuerdas económicamente entre el mes de octubre de 1943 a mayo de 1944 cuando se firmó el acuerdo tripartito entre España, EEUU y Reino Unido para que cesara el embargo energético si España cumplía con las exigencias de neutralidad. Para resistir esos meses fue necesario que los aliados se vieran obligados a una política de compras preventivas que tenía como producto estrella al Wolframio para dificultar que llegara en demasiada cantidad a Alemania. También hay que destacar que además de este interés puramente bélico a personalidades de las importancia de Churchill no le interesaba una España inestable que hubiera podido afectar al Reino Unido.


Así que algunas élites del poder franquista, familias al fin y al cabo, aprovecharon la situación de las compras preventivas y el contrabando de Wolframio para lograr grandes beneficios económicos y a la vez superar el embargo impuesto. Pero que estas familias pululaban más o menos a sus anchas, e incluso podrían haber provocado la caída del régimen, lo demuestra el hecho de que hasta la liberación de París, en pleno mes de agosto de 1944, no desapareció el suministro del mineral hacia los alemanes. 


El régimen franquista sobrevivió a la caída del Eje fue por aguantar en el plano económico la situación y porque los aliados no veían ninguna oposición en España que hubiera podido sustituir al franquismo sin crearle peores problemas de los que ya tenía con un país que, simplemente, jugaba un doble juego que podía controlar sin abrir otro frente bélico nuevo en el sur de Europa. 


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