​Un siglo del embrión del fascismo: Mussolini y los Fasci italiani di combatimento

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Mussolini (Wikipedia)

Benito Mussolini. Fuente: Wikipedia


Este 23 de marzo se cumplieron 100 años de la fundación de los Fasci Italiani di combatimento, embrión de lo que más tarde se convertiría en el Partido Nacional Fascista liderado por Benito Mussolini. Fue en una reunión que se celebró en el Círculo Industrial de Milán donde personajes de distintas tendencias unieron sus fuerzas para dar vida a esta organización que cristalizaba algo que ya existía, el irracionalismo radical, pero que no se había instalado como ideología política diferenciada. Así miembros del movimiento futurista y militantes nacionalistas dieron vida conjuntamente a lo que luego serviría para instalar una dictadura en Italia y expandirse como ideología lejos de sus fronteras.


Mussolini controlaba un diario de los de más tirada en Italia, Il Popolo d’Italia, donde ganó una popularidad que supo utilizar posteriormente para conseguir el poder y conservarlo durante dos décadas. Este antiguo militante del PSI pasó en un breve periodo de tiempo de una postura anti-intervencionista de Italia en la I Guerra Mundial a otra radicalmente contraria que abogaba por la entrada en la guerra de Italia. Eso le valió la expulsión del socialismo italiano ya en 1914.


Mussolini abrazó junto a esa postura intervencionista una política netamente nacionalista. Y con un medio de comunicación potente en sus manos consiguió aunar en torno de su figura a seguidores de ambas tendencias. A principios de 1919 se crearon dos asociaciones que partían de pensadores futuristas y excombatientes donde el ultra-nacionalismo también tenía su lugar. A finales del mismo mes se confederaron. Mussolini aprovechó el contexto para preparar una reunión en Milán para el 21 de marzo de 1919 que contaría con más de 60 personas como participantes.


La idea era fundar una corriente que perpetuara en el tiempo la actitud intervencionista de Italia en la guerra, partiendo de una idea con tintes revolucionarios donde el anti-parlamentarismo era uno de los fundamentos principales. En el acto había personalidades con ideologías muy dispares como los citados futuristas y excombatientes hasta intervencionista de izquierdas como el mismo Mussolini o incluso anarcosindicalistas. 


Dos días después se convoca otra reunión con vocación nacional donde se logran congregar a 119 personas. Allí se decidió dar vida a los Fasci italiani di combattimento. La palabra Fascio, sinónimo de ligas en italiano, pertenecía a un lenguaje de pura extrema izquierda donde se pretendía evocar cierta nostalgia por el conflicto bélico y las aspiraciones revolucionarias de los fascistas sicilianos durante los años 1893-1894. Después de 1917 los nacionalistas abrazaron el término.


La reunión del 23 de marzo supuso un acuerdo entre personalidades tan variopintas que se plasmó en un programa. Tiempo después Mussolini lo recoge y lo retoca editándolo con su sello personal. El programa es una pura mezcla de demandas nacionalistas sumadas a reivindicaciones de carácter social. Es publicado en su propio periódico y se le bautiza como 'El programa de San Sepolcro', nombre elegido por el lugar donde cobró vida, fue publicado en Il Popolo d’Italia ya en junio de 1919, situando los cimientos donde no muchos años después se asentaría el fascismo en forma de partido político con voluntad de crear un régimen totalitario de partido único.


Las principales ideas que tomaría Mussolini del documento valieron para darle cara y ojos al fascismo que finalmente vio la luz. La idea de mostrar a este movimiento como normalizador y de orden para el interior del país (aunque también hacia el exterior aceptando sorpresivamente una institución como era la Sociedad de Naciones), con vocación imperialista hacia el exterior, y donde la violencia se consagra como un instrumento válido y necesario frente a los oponentes para lograr los objetivos marcados. Mussolini utiliza además el anti-socialismo para apartar a la clase obrera de ideas internacionalistas buscando que se abrazara un sindicalismo puramente nacional.


Paradójicamente un movimiento que huía de ser visto como un partido llegó a verse tan limitado en dos años que Mussolini y los suyos se vieron obligados a ahogarlo para dar vida a la vez en noviembre de 1921 al Partido Nacional Fascista como instrumento absolutamente necesario para tomar el poder, lo cual consiguieron menos de un año después, el 28 de octubre de 1922, cuando fue nombrado Mussolini jefe de gobierno tras la Marcha sobre Roma por el rey Víctor Manuel III. A principios de 1925, poco más de tres años después de su fundación, el Partido Fascista instaura en Italia una dictadura total de partido único que aguantó en el poder hasta 1943.


El fascismo es una ideología que parte de mezclar hábilmente una certera crítica de la realidad con propuestas de modernidad y de carácter social dentro de un discurso ultra-nacionalista. Se aboga por la violencia como método válido para controlar el interior de un país y su crecimiento más allá de las propias fronteras cristalizando una clara tendencia imperialista. 


Mussolini inició su ascendencia a la cima del poder poniendo en práctica su experiencia como dirigente socialista a la hora de desarrollar desde su diario una critica social pura que calaba en la población por ser muy veraz y comprobable. 


Tras esa fase inicial supo ofrecer posteriormente propuestas sustentadas en ideas tan dispares como el futurismo modernizador y el tradicionalismo típico del nacionalismo romántico nacido como ideología en la Alemania del siglo XIX. Eso le sirvió para crear un partido que giraba en torno a su persona y que fue la herramienta necesaria para que asumiera el poder total en su país.


Este esquema para la toma del poder y su conservación ha sido luego utilizado de diversas maneras y bautizándolo con diferentes nombres, pero realmente fue un invento creado sobre la marcha por un antiguo militante socialista a quien su padre, líder local socialista, le había puesto el nombre de Benito en honor del revolucionario mexicano Benito Juárez. Toda extrema derecha cien años después bebe de este esquema de una forma u otra. 


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