Abascal es la mano de hierro en el guante de seda que es Vox

A Santi Abascal lo han tenido durante semanas fuera de la actualidad
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Puu00f1o de hierro en guante de seda


En muy poco tiempo la marca Vox ha pasado a tener un valor incalculable en el mercado político español. Ciertamente esta excisión de la extrema derecha del Partido Popular ha sabido ser paciente y agazaparse esperando el contexto adecuado para conseguir una irrupción volcánica.


Su personación el juicio de los líderes del Procés fue un total acierto de marketing que le dio una visibilidad enorme a un precio muy bajo. No habiéndose sabido insertar en el momento en que el bipartidismo hizo aguas, como sí hicieron Podemos y Ciudadanos, no les quedó otra que esperar a vencer las reticencias que desde la caída de la dictadura los españoles han tenido siempre hacía la extrema derecha.


La crisis del PP generó que muchos de sus votantes de centro derecha moderado desfilaran en dirección hacia los de Rivera, pero todavía quedaba un extremo reaccionario en el seno de los populares que no sabía hacia donde debía dirigirse cuando el partido bajo la batuta de Mariano Rajoy comenzó a desangrarse fruto del desgaste en el Gobierno por su papel en el Procés o en cuestiones de índole nacional. Y el lugar para refugiarse fue Vox. Andalucía fue la primera muestra de ello.


La dificultad de tener una marca electoral exitosa es que a los directores de campaña les supone un auténtico quebradero de cabeza situar a sus líderes en el engranaje electoral. Un mal candidato puede hacer un auténtico destrozo sin tan siquiera darse cuenta. El problema es que al candidato hay que ponerlo sí o sí. Al parecer este es el caso de Santi Abascal, al que han tenido durante semanas fuera de la actualidad protegiéndolo de entrevistas y otras situaciones engorrosas donde era bastante probable que hiciera más mal que bien con sus palabras o gestos.


Pero habían estirado demasiado el chicle y en plena campaña ya era demasiado atrevido no sacar a la vista casi nunca a todo un candidato a la presidencia del Gobierno para lanzar algún tipo de propuesta u opinión a los votantes. Así que la estrategia por lo visto esta semana será que desde el partido se lanzarán mensajes y el candidato posteriormente las defenderá al más puro estilo populista, que en los últimos tiempos ha demostrado ser bastante efectivo para organizaciones al estilo de Vox. 


El debate sobre portar armas es un buen ejemplo de ello. Vox como partido lanza un globo en forma de propuesta y posteriormente Abascal verbaliza algo tan evidente como que si alguien ataca a tu familia en tu casa uno tiene todo el derecho a la defensa sin esperar a la policía. El ejemplo que pone es una situación que es poco probable que se pueda dar en la realidad, pero la fábula creada con sus palabras sirve para poder insertar al líder voxero en la campaña sin hacer ningún daño a la marca. 


El viaje a Polonia del mismo Abascal es otro ejemplo de esta estrategia. Vox lanza otro globo en forma de una propuesta consistente en ilegalizar a partidos marxistas (Podemos concretamente) y el líder se deja grabar en lugares donde se denuncia al comunismo, metiendo de paso también al nazismo de por medio para que no se diga que su partido es de una extrema derecha tal y como lo fue aquella. Visualmente se distancia del fascismo ante el espectador y de paso incluye en el saco del totalitarismo a Podemos. 


En este esquema Vox sería el guante de seda puesto en la una mano de hierro personificada por Abascal, que protegido por el partido puede lanzarse a la arena tranquilamente minimizando riesgos para los suyos con unos discursos prefabricados en ideas simples que apelan al sentido común. El populismo de esta estrategia llega a tal punto que tanto las propuesta de las armas como la de ilegalizar a partidos marxistas serían imposibles de aplicar con nuestra actual forma de Estado. Es pura pirotecnia electoral. 


   ​Los lazos y pancartas tapan el papel del Govern Torra con Oriol Pujol