Quim Torra, el Ceaucescu desnudo

Lo más patético fue cuando apeló a su cargo institucional
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Torra cdr

Quim Torra con los CDR


El día que el régimen comunista en Rumanía comenzó a desmoronarse sucedió un hecho curioso que provocó un cambio tan radical que arrasó en pocas horas con el sistema que había regido los destinos del país durante décadas. Ceaucescu tras 22 años en el poder se dirigió al pueblo en la plaza central de Bucarest y se encontró para su sorpresa con abucheos y silbidos por parte de los que en teoría estaban allí para vitorearle.


Las promesas que realizó de subida del salario mínimo y pensiones o aumentos de subsidios no fueron suficientes para una población harta de vivir con mucha pobreza en un Estado que no iba a soportar con el mismo sistema económico la caída del muro de Berlín sucedida dos meses antes. 

Ceaucescu tuvo incluso que protegerse de su población aquel día. Esto sucedió el 21 de diciembre. Cuatro días después el “conducator” rumano era fusilado junto a su esposa.


Los gobernantes pueden llegar a vivir tan alejados de la realidad cotidiana que se pueden encontrar con desagradables sorpresas cuando esta se les muestra desnuda. En momentos muy puntuales incluso los gobernados pueden llegar a tal grado de indignación que ya no les importa decírselo a la cara al confiado líder que cree tener alrededor suyo una coraza fabricada por el aura del poder que detenta en sus manos.


Eso fue lo que le sucedió el sábado 23 de marzo a Quim Torra cuando se encontró con unos CDR que no dudaron en recriminarle todos los agravios que ellos entienden han padecido. Y el principal era que no aceptaban que el President dijera una cosa ("apreteu") y luego hiciera otra al enviar a los Mossos contra ellos. Torra intentó con su verborrea seguir vendiendo su “producto” a los que considera suyos, pero por las imágenes queda claro que no lo consiguió.


Lo más patético fue cuando apeló a su cargo institucional de president para reclamar respeto a los que pancarta en mano lo estaban poniendo de vuelta y media. Debe de ser muy duro apelar a la dignidad de un cargo para pedir que no te critiquen. Es de un estilo más monárquico que republicano. Pero peor debe ser hacerlo ante los que consideras como tuyos. Como en la fábula del rey con el traje invisible ayer a Torra le dijeron que iba desnudo cuando nadie a su alrededor le había dicho nada.


Dicen que el último error, y fatal, de Ceaucescu fue no abandonar el poder y el país nada más suceder los hechos de la plaza central de Bucarest. Ahora el procesisme deberá valorar si dejar a Quim Torra a los mandos de su destino es lo mejor después de hechos como estos y el sainete de las pancartas y lazos de los balcones de los últimos días. Un movimiento con los suyos descontentos no tiene mucha esperanza de vida.


   ​Torra, señor de los lazos y la pancarta, se olvida de la independencia