​Los lazos y pancartas tapan el papel del Govern Torra con Oriol Pujol

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Jordi y Oriol Pujol (Flickr CDC)

Jordi Pujol y su hijo Oriol. Fuente: Flickr CDC/Wikipedia


La semana en España no es que haya sido muy provechosa electoralmente hablando. Todo el foro mediático ha sido monopolizado por dos temas que en ningún caso han aparecido jamás en la lista de preocupaciones de los españoles. Así un supuesto derecho a portar armas defendido por Vox o la semana en Catalunya de los lazos y las pancartas han enmudecido cualquier otro tema más urgente o acontecimiento extraordinario que hubiera podido tener una mínima relevancia.


En el caso catalán sin duda así ha sido. El President Quim Torra y su Govern han conseguido tapar de forma muy sibilina, Dios del lazo y la pancarta mediante, un auténtico escándalo que es más propio de una dictadura bananera que de la Dinamarca del sur que se promete para el futuro un día sí y el otro también por parte de los procesistes.


Ya el viernes 15 de marzo los medios empezaron a deslizar que el antiguo sucesor político del patriarca Pujol, Oriol Pujol, había contado con el visto bueno de la Junta de Tratamiento del centro Brians 2 para obtener el el tercer grado, lo que le permitiría salir de la cárcel por el día y pasar los fines de semana fuera de prisión. Ese era el primer paso para que éste pudiera salir de la cárcel. 


La noticia, que ya era un escándalo en sí, quedó apaciguada por los primeros estertores de la campaña de la protección del lazo y la pancarta que Torra y los suyos habían ya iniciado contra la Junta Electoral Central (JEC).


Todo quedaba a partir de ahí en manos de la Secretaría de Medidas Penales, Reinserción y Atención a la Víctima, dependiente de la conselleria de Justicia de la Generalitat, para que estudiara la propuesta y decidiera qué hacer. Y ayer viernes se consumó lo que era previsible: la ratificación del tercer grado. En viernes, a última hora, con los cambios de pancarta en Palau cuál cromos en la puerta de un colegio y previo a un fin de semana que suele dormirlo casi todo.


Así que Oriol Pujol, sobre quien pesaba una condena de dos años y medio de prisión por los delitos de tráfico de influencias, cohecho y falsedad documental tras reconocer su implicación en el presunto intento de amañar el concurso de las ITV, pasará a partir del próximo jueves a este grado pudiendo dormir en su casa y saliendo los fines de semana.


Justicia además ha sacado un comunicado para intentar justificar la medida, lo cual hace pensar que no tienen muy claro que sea de lo más correcta. ¿Qué tipo de privilegio tiene un Pujol para que toda una conselleria salga a defender una medida que le beneficia? Básicamente el que siempre tuvieron los que gobernaron Catalunya como si fuera su cortijo: impunidad. Con eso se consigue cumplir 59 días de una medida que hubiera tenido que durar mucho más.


Pero el tema de la pancarta y el lazo ha dilatado las reacciones demasiadas horas tanto entre la oposición como con la población. Conceder a Oriol Pujol ese grado después de todo lo destapado sobre su persona y su familia es un insulto a la ciudadanía que cada día cumple con las mil obligaciones que se le imponen.


El Govern de Torra, y los partidos que por activa o por pasiva le dan apoyo, más que llevarnos a la Dinamarca del sur de Europa nos dirigen de cabeza a la Chicago de los años veinte del siglo pasado o al Kosovo mafioso del Mediterráneo. Pero lo importante es la pancarta. 


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