​El PP catalán es ya un simple espantapájaros de Génova con Cayetana

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Cayetana Álvarez de Toledo. Fuente: RTVE


Desde la época de Aznar en la Moncloa el PP se había acostumbrado a tener a su sucursal catalana como una moneda de cambio para sus estrictos intereses en Madrid. Daba igual que los populares catalanes lograran unos buenos resultados que le facilitaban incidir en la política catalana de forma efectiva. Si Madrid exigía su sacrificio todo lo demás pasaba a un segundo plano.


Así con el famoso Pacto del Majestic Aznar entregó a Pujol la cabeza de Vidal-Quadras a cambio de su apoyo para llegar por fin a Moncloa. Los intereses de Rajoy también sirvieron para desangrar hasta lo inimaginable a la derecha española en Catalunya. Primero con su papel durante la época del Estatut y la defenestración de Josep Piqué, y posteriormente cuando en el primer Govern de Artur Mas poco antes del avispero en el que estamos apoyó de forma parlamentaria a los que luego serían sus acérrimos enemigos con el Procés.


De tanto apuñalar a los suyos en tierras catalanas el cuerpo de su filial en Barcelona quedó vacío de cualquier elemento líquido que le permitiera mantenerse en pie y operar con normalidad. Solo faltaba la aparición de Ciudadanos para dejarlo al borde del extraparlamentarismo y ahora la de Vox para mandarlo a la papelera de la historia.


Ante esta situación de desaparición inminente del panorama catalán Pablo Casado ha optado por utilizar el que un día fue hasta tercer partido del Parlament como un mero espantapájaros para intentar lograr algún resultado testimonial que le salvara la honra en las elecciones del 28 de abril (ya que en otras como las del Ayuntamiento de Barcelona está claro que las da por imposibles). Así que ha tomado la determinación de escoger a alguien externo al teatro catalán habitual para lograr lo que sería una gesta.


No es muy habitual, por no decir que no pasa nunca, que en las comunidades denominadas "históricas" (Catalunya, País Vasco y Galicia) se coloquen a personalidades absolutamente externas como cabezas de cartel en las elecciones. Pero por lo que se ve Casado no tiene a nadie en el seno del PP de Catalunya suficientemente preparado para cumplir esa función, lo cual sería lógico para un partido que pretende gobernar España.


Así que ni corto ni perezoso puso para llevar a cabo la misión de salvar a la famélica sucursal catalana a Cayetana Álvarez de Toledo. Los objetivos de este movimiento están claros: competir con Arrimadas y frenar a Vox. El problema no es que Cayetana no sepa hablar catalán o no sea catalana, la verdadera dificultad es ver mínimamente alguna posibilidad de conseguir alguna de esas metas.


Los dos momentos mediáticos que ha tenido la hoy cabeza de cartel de los populares son una buena muestra de ello. El primero cuando se presentó en sociedad su candidatura, donde la idea principal se circunscribía a que al “separatismo” le molestaba una candidata no nacida en Catalunya y con ningún tipo de relación con la misma. El problema es si esa idea, demasiado básica y simple, será suficiente para modificar el sentido del voto del sector unionista catalán, que es donde verdaderamente el PP se juega las lentejas, no en el sector soberanista presuntamente ofendido.


El segundo momento fue cuando en una entrevista concedida en TVE la flamante candidata popular aseguró que el Procés había sido más grave que el golpe de Estado protagonizado por Tejero. El revuelo fue considerable, con lo que la visibilidad que se buscaba se logró sin ningún género de dudas. Pero aquí también hay un problema: si Álvarez de Toledo pretende hacer de Vox tiene demasiado poco tiempo. La gente acostumbra a preferir la original a la copia y esa declaración es más propia de Abascal o un compañero voxero que de un dirigente popular. 


Además, Cayetana logró atención mediática a nivel español, pero donde en teoría se necesita su concurso es en la circunscripción donde se presenta, y más si esta se sitúa en el epicentro del huracán catalán.


Difícil destino parece que se le presenta a la siempre presente derecha española en Catalunya desde el inicio de la democracia: ¿de espantapájaros a cadáver? 


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