Otro héroe del Procés caído

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Josep Lluís Trapero, major de los Mossos, como testigo en el juicio del Procés. Fuente: Señal TV Supremo


Se esperaba con expectación la declaración del Major Trapero ante el tribunal que juzga a algunos de los líderes del Procés. El entonces mando de los Mossos está siendo juzgado en una pieza separada y no se sabía si se avendría a declarar u optaría por guardar silencio al ser requerido como testigo en su día únicamente por Vox. Y vaya si habló.


Entre las muchas cosas que se pueden recordar de Trapero antes de los sucesos del referéndum del 1-O son aquellas fotos veraniegas del Major en casa de Pilar Rahola junto con Puigdemont y otros personajes próximos al Procés donde incluso preparó a sus acompañantes una paella.


También viene a la memoria la época del lamentable atentado de agosto en las Ramblas de Barcelona en agosto del 2017 y su curioso comportamiento durante el mismo actuando, al lado de Forn, como si tuviera en sus manos una policía de un Estado distinto al español.


Su respuesta a un periodista extranjero sobre el idioma que utilizaba primero en las ruedas de prensa, el catalán, le valió subir a los altares del imaginario independentista, quizás sin quererlo. 


Aquellos momentos pre-referéndum fueron utilizados por algunos en el sentido de que su buena gestión de aquellos desgraciados sucesos -opinión no compartida por muchos- ya mostraba cierto buen funcionamiento del nuevo estado que iba a nacer en breve al margen del español.


Por lo que se vio durante las preguntas de unos y otros Trapero no está casado con nadie. Con el Procés tampoco. Consigo mismo y poco más. El entonces mando de los Mossos encaró el asunto queriéndose salvar sin el menor rubor. Descargó todas las responsabilidades en el aparato político y las personas que lo dirigían (los acusados).


También enmarcó todas sus actuaciones, y las del cuerpo que dirigía, dentro de la legalidad vigente española. Tanto las que realizó en aquellos momentos como lo que hubiera hecho si así se le hubiera requerido (detener a Carles Puigdemont y su Govern tras el referéndum fue una perla que dejó ir). Lisa y llanamente huyó de cualquier situación que pudiera afectarle personalmente.


Pasó así a engrosar la cada vez más larga lista de héroes caídos del Procés. Al igual que Santi Vila, que se bajó del tren en marcha cuando vio el choque que venía, hizo algo muy humano. No sabemos si, al igual que con Vila o Castellví, lo enviarán al infierno de los traidores. Es probable.


Lo que está claro es que si en su día el máximo dirigente del Procés, Carles Puigdemont, huyó con nocturnidad sin avisar a los suyos, algo también muy humano pero alejado de la dignidad de alguien que quiere ser un líder trascendental, no se le pueden exigir sacrificios desmesurados a los que estaban por debajo de su persona. Porque eso es en realidad lo que se le está pidiendo por parte de algunos sacerdotes expertos en la moral ajena -que no la propia- a personas como Trapero: sacrificios que muy pocos estarían dispuestos a asumir.


   ​Manel Castellví, exjefe de Información de los Mossos, bajo protección policial