​Las prácticas de la era Pujol parecen seguir vivas en Catalunya

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Jordi Pujol (RTVE)

Jordi Pujol, expresidente de la Generalitat. Fuente: Vídeo RTVE


Varias cosas han sorprendido a lo largo del juicio a parte de los líderes del Procés celebrado estos días en Madrid. Pero una de las que está causando más estupefacción es la sensación de que las prácticas fuera de la legalidad, o rozando la línea de la misma, no son elementos ajenos al día a día de la Generalitat como administración pública.


No se trata ya tan solo de tretas tendentes a evadir la acción del Estado español para celebrar el referéndum, estamos ante redes clientelares tejidas de forma previa que han servido para tal fin. Que la estrategia para burlar a los poderes estatales partió de unas sólidas bases de presunta corrupción ya existentes es algo que debería alarmar a cualquiera.


No es normal que unos empresarios se presenten ante todo un Tribunal Supremo afirmando que trabajaban gratis por tareas que en el mercado tenían un valor de 80.000€. Eso no se lo cree ni quien lo verbaliza. Tampoco es normal la opacidad de entes como el Diplocat.


La declaración de Jaume Mestre, responsable de Difusión de la Generalitat, ha sido una nueva muestra de la 'ley del silencio' que se impone entre esta redes al más puro estilo siciliano. 


Cada vez extrañan menos las reacciones, con un odio sorprendentemente desmesurado, de algunos tertulianos del universo del Procés a declaraciones como las de Manel Castellví. Y cobra más sentido el ostracismo y la animadversión hacia Santi Vila de los que hasta hace poco eran los suyos. No hay perdón posible.


Al parecer del territorio catalán ha desaparecido la influencia que implantaron Jordi Pujol y su clan, pero las prácticas de aquella época siguen bien vivas en el día a día de sus sucesores. 


Este es un tema que debería preocupar a cualquier ciudadano sea de la ideología que sea o quiera o no que Catalunya se convierta en un nuevo Estado. Con las prácticas corruptas lo único que tiene futuro en un lugar son las élites que las desarrollan. Todo lo demás queda sepultado por el lodo de la perversión


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