​El Procés parasita ya a toda la izquierda catalana federalista

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Artur Mas (CCMA)

Artur Mas, expresidente de la Generalitat. Fuente: CCMA


Desde que Artur Mas reunió a casi todos los grupos del Parlament para la firma de su consulta algunos ya vieron sus intenciones uniformadoras. El entonces President ya había hecho algún intento parecido con su invento de "la Casa Gran del catalanisme" cuando estuvo en la oposición. Pero eso no dejaba de ser un intento de aglutinar al nacionalismo pospujolista, entonces no independentista, a su alrededor. En el momento de la rúbrica para el 2014 la cosa era distinta.


Aquí fue cuando empezó la tendencia totalizadora del Procés y la búsqueda de dividir a la sociedad en dos grupos enfrentados. Esto se llevó por delante todo el llamado 'oasis catalán' que había funcionado durante los mandatos de Jordi Pujol e incluso cuando el PSC decidió romper el pacto de poder tácito que se tenía con la derecha catalana (poder municipal para los socialistas y autonómico para los convergentes) asaltando la Generalitat capitaneados por Pasqual Maragall.


Así que CiU pasó a la historia y Unió desapareció del mapa. Las llamadas dos almas del PSC se dividieron generando que el histórico partido casi entrara en una crisis sin retorno que Miquel Iceta supo reflotar con mayor o menor éxito. Pero siguen vivos.


El PSC fue el primer banco de pruebas de los procesistes frente a una formación de izquierdas que propugnaba una vía federalista. Con presiones consiguieron derribar del liderazgo a Pere Navarro como sucesor de un caído Montilla y arrancar su 'alma catalana' para repartirse sus retazos entre CDC y ERC. El resultado fue alejarlo de la equidistancia colocándolo en el bando unionista muy débil ya (la foto ante el TC de Iceta con Arrimadas y Albiol escenifica ese paso).


Pero no se quedaron ahí. ICV era un suculento pastelito colocado entre los dos frentes y equidistante que había que desmembrar en el plan del corte en seco en dos partes antagónicas y sin posibilidades de acuerdos. Su federalismo militante era una amenaza para la ruptura total. Así que los ecosocialistas tuvieron que refugiarse en los nuevos grupos nacidos al calor del 15M para evitar la desaparición de los liderados hasta entonces por Herrera. Podemos y los Comuns les dieron cobijo.


Ahora la continua presión parece haber hecho mella, aunque también es cierto que la errónea posición en el 'tema nacional' de Pablo Iglesias o Ada Colau ha ido ayudando bastante. De unos éxitos electorales rotundos en las municipales de Barcelona y las generales se pasó a una irrelevancia absoluta en el ámbito autonómico.


Albano Dante Fachín fue el primero en caer en las garras procesistes. Su afán de protagonismo no satisfecho por los suyos en la legislatura de la DUI suspendida le llevó a ser defenestrado como líder de Podem desde Madrid y ser hoy un simple esbirro del Procés... un converso que, cumpliendo la regla de Max Weber, atiza a los suyos como si él hasta hace dos días no hubiera defendido posturas contrarias a la independencia total.


Y hoy los pocos diques de contención que quedaban para frenar al frente insaciable procesista han sido totalmente arrasados desde dentro y desde fuera. La ambición por acabar con cualquier opción neutral puede verse por ejemplo en la entrevista que Quim Torra concedió a Onda Cero en Madrid: no tuvo ningún empacho en incluir sin ninguna clase de vergüenza los votos de los Comuns como independentistas en sus cuentas para afirmar que la mayoría del pueblo catalán deseaba la independencia. Más claro el agua.


El pase de Alamany y Nuet a los brazos de ERC, la elección de Asens y Pisarello por motu propio a las listas de las generales con una clara vocación procesista, las declaraciones de Colau favoreciendo a Ernest Maragall en la carrera por Barcelona,... son las pruebas palpables de que Puigdemont y todo el universo del Procés han parasitado a la izquierda tradicionalmente federalista para acopiarse de una parte de sus efectivos y lanzar a los restantes al campo netamente unionista. En su conflicto con el Estado no caben equidistantes. La máxima está clara: si no vas conmigo estás contra mí.


El Procés continúa con su senda de la búsqueda del control total de todos los campos de la sociedad catalana. Ahora ha sido el campo político, pero no es el único. A nivel sindical, cultura, económico, deportivo,... el plan es ocuparlo todo. Y por ahora les va saliendo. 


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