​Puigdemont destroza al PDeCAT y continúa con su objetivo uniformador del Procés

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Torra y Puigdemont (Jordi Bedmar)

Carles Puigdemont y Quim Torra. Fuente: Jordi Bedmar/Govern


El exPresident Carles Puigdemont hace ya tiempo que decidió crear una criatura a su imagen y semejanza, como es la Crida. Lo hizo desde el preciso instante en que vio que solo con su persona y desde Bruselas era capaz de fagocitar a ERC y situarse el 21D como líder del Procés por delante de un incauto y encarcelando Oriol Junqueras.


Ya mucho antes había comenzado esta tendencia totalizadora en el seno del alma procesista. Fue Artur Mas y su consulta del año 2014 un primer intento de convertir en transversal a todos los partidos catalanistas y trazar una línea definitiva entre el 'ellos' y el 'nosotros' creando dos bandos enfrentados por la cuestión nacional. El tsunami subsiguiente acabó con la 'Federació' de CiU, Unió, destrozó al PSC y diluyó a ICV.


Y este contexto totalitario fue lo que heredó Puigdemont tras pasarle el testigo Mas de forma obligada. También heredó un partido el PDeCAT, fruto de sus antecesores. Pero el inquilino de Waterloo no es tan simple como su antecesor y puso a alguien bien fanatizado como Quim Torra para guardarle la silla bien alejado de cualquier anclaje partidista. Aunque el PDeCAT seguía ahí, molesto y amenazante para su liderazgo total.


Así que el año pasado se cargó a Marta Pascal de la dirección para resguardarse de cualquier disensión. Y en este sigue con las listas para las generales fulminando a Campuzano y Xuclà poniendo en su lugar a presos y fanáticos. Lo mismo ha hecho en las municipales con Forn en Barcelona y en las europeas poniéndose a sí mismo. A Puigdemont ya no le interesa la política en general y si ese paso desencallará el conflicto o no: solo vive para ser el líder supremo del Procés. A más conflicto, mejor.


La Crida, y todos los demás entramados como el Consell de la República, no es más que un instrumento con este fin controlador. ERC lo vio pronto y se desmarcó huyendo de una unidad que realmente lo único que busca es uniformidad. Mientras el PDeCAT camine como un zombi un tiempo más los de Junqueras podrán estar un poco tranquilos aguantando esporádicas presiones. El día que los últimos retales del pujolisme desaparezcan la cosa será distinta.


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