​Empar Moliner, Antón Losada, Bea Talegón...el Procés y la doble moral

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Quim Torra (Twitter Govern)

Quim Torra en la presentación del Consell de la República. Fuente: Twitter Govern


En Catalunya corren tiempos extraños. Habiendo dividido el país algunos en dos bandos desde que Mariano le dijera que no a Artur hace ya algunos años las cosas que ocurren ya no entran dentro de lo que podríamos llamar normalidad. Ni sobre lo que se hace ni sobre lo que se dice.


El Procés es una criatura extraña que nació con un objetivo propagandístico que debía servir a algunas élites catalanas en su batalla para conseguir recursos frente a Madrid más allá del 'peix al cove' pujolista tradicional. Al calor de la crisis el delfín Mas, tras unos coqueteos iniciales con el PP, tuvo que presentarse ante Rajoy con algún tipo de instrumento que causará presión y miedo a su interlocutor. Como no tenía los votos que antaño blandía su mentor en el Congreso tiró por ese camino con su nuevo carro.


Consiguió subir al mismo a gente de variado color y pelaje que jamás hubieran ido juntos a ningún lugar. Transversalidad lo llamaron. Pero no era más que una especie de copia del peronismo de toda la vida. Pero esta vez no había ningún Perón ni nada que se le pareciese. Mas, defenestrado, no era esa figura.


El Procés es hoy un artilugio que corre como un pollo con la cabeza cortada. Con su sucesor Puigdemont ya corría así. Y ahora sigue corriendo sin ver hacia donde va y causando estropicios de aquí para allá. También en la intelectualidad defensora de esta extraña etapa de la historia catalana.


Ayer al calor de las palabras de Toni Albà donde dejaba caer que Inés Arrimadas era una prostituta (no lo decía así de claro pero todo el mundo ha llegado a la conclusión de que quiso transmitir eso) algunos intelectuales pro-Procés decidieron entrar en el debate como un elefante en la cacharrería.


Antón Losada por ejemplo afirmó en un tweet que se hacía seguidor de Albà porque la “libertad de expresión es sagrada”. El tertuliano dejaba caer así que existe un derecho absoluto que puede ser ejercido sin ningún cortapisas. Pero se puede dudar que Losada aceptara que le llamaran eso a su señora sin que moviera un dedo. Por tanto no es un derecho tan absoluto.


Al mediodía de ayer la tertuliana estrella de Catalunya Ràdio, Empar Moliner, entraba en el debate fiel a su estilo. En diez minutos pasó de justificar las palabras de Albà en la libertad de expresión a decir que no se podían permitir unas palabras que Arcadi Espada dijo en el programa de Risto sobre las personas con Síndrome de Down. Tremendo combo en un medio público. Tuvo además la buena idea de afirmar que esa forma de actuar tan extraña no era debido a que fuera uno independentista y el otro no... conociendo su historial es para dudarlo.


Y la cereza al pastel la ha puesto hoy Bea Talegón aplaudiendo un comentario de Albà donde pedía perdón a las prostitutas (se ve que no está muy arrepentido de insultar a la líder de la oposición). Talegón, una personalidad adoptada por los procesistes después de haberse acercado a todos los partidos españoles menos al PP, se ve que en el caso de Arrimadas no es muy feminista.


El problema es la doble moral que se ha instalado en el ideario del independentismo de corte procesista. Y esta es muy peligrosa porque intenta justificar que lo que hacen los propios siempre está bien y lo de los ajenos siendo igual está mal. Un movimiento o corriente ideológica que llegue a tales conclusiones lo único que demuestra es que, incluyendo los más preparados de ellos o los que le dan voz como en este caso, ha abrazado algo que debería hacer temblar a cualquier sociedad donde habiten: el fanatismo


   ​Críticas de Guardans y Cayo Lara a Antón Losada por su apoyo al polémico Toni Albà