​El extraño cese de Toni Albà y la libertad de expresión

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Toni Albà, humorista afín al independetismo. Fuente: CCMA


La libertad de expresión es un derecho fundamental en cualquier democracia avanzada. En Occidente además se tiene como un plus para que un sistema político sea reconocido como democrático.


Pero como todo derecho también tiene sus límites. No puede ser algo absoluto y cuando inevitablemente choca con otro deben ponderarse ambos y concluir cuál de ellos debe situarse por encima o como se pueden desarrollar sin menoscabar las garantías que ofrezcan unos y otros.


En el caso del derecho a la libertad de expresión con el que usualmente suele colisionar es con el derecho al honor, también situado habitualmente dentro del catálogo de derechos fundamentales en cualquier sociedad democrática.


El pasado domingo el actor Toni Albà realizó un tweet donde, sin nombrarla explícitamente, llamaba prostituta a la líder de Ciudadanos. Aunque luego respondió al comentario de esta recriminando la acción con la ingenua excusa de que no se refería a ella a la mayor parte de los que lo leyeron les pareció que sí, incluso a los que profesan su propia ideología procesista o independentista (por ejemplo Toni Soler, el jefe de su productora).


Ciertamente no era la primera vez que Albà se veía envuelto en polémicas así. Ya le había sucedido con Miquel Iceta, líder del PSC, la juez Lamela y con la misma Arrimadas. Hoy se ha conocido que la productora del programa donde habitualmente se le contrata, Polònia, y la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales han decidido “congelarlo” por unos programas del espacio de humor (no se sabe hasta cuando). Y se lo comunicaron por WhatsApp el mismo domingo.


Resulta curioso que haya sido ahora cuando la CCMA y Polònia hayan tomado esta decisión. Con el historial de Albà hacía ya tiempo que debían haber actuado, pero por lo que se ve ahora existen unos intereses en apartarlo (provisionalmente) que dudamos tengan que ver con la libertad de expresión del actor o el derecho al honor de a quien insulta. Ellos sabrán.


Es lógico que Toni Albà se escude en su libertad de expresión, aunque él no haya hecho gala nunca del mismo respeto blocando en Twitter o no respetará en su día que Carmen Machi, compañera de profesión, firmara un manifiesto junto con intelectuales a favor del federalismo. Incluso también lo es que se intente defender como un infante a quien le han pillado comiendo caramelos a escondidas afirmando que no se refería a Arrimadas cuando nadie lo duda.


Todo eso es comprensible. Lo que no lo es tanto es que un medio público como CCMA destine un solo euro público a sufragar a una persona que para ejercer su derecho a la libertad de expresión no tiene el menor problema en pisotear el derecho al honor de los demás incluso usando argucias para no responder de sus actos ante un juez o la sociedad.


Bien haría la CCMA -de Polònia no decimos nada porque es privado y ya sabrán lo que se hacen- en vigilar a quién financian y para qué. Si es para insultar a líderes de la oposición o a terceros más que una 'congelación' sería necesaria una expulsión. Y no tras más de dos veces de actuar de esta forma. Pero por lo que se observa en el caso de Albà estamos ante una simple vendetta interna que poco tiene que ver con un objetivo tan noble.


   ​Cese temporal de la convivencia entre Polònia y Toni Albà