​A Colau no le sirven los gestos con los de la DUI y sus sablazos

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Colau acto ACM (Ajuntament)

Ada Colau, alcaldesa de Barcelona en el acto de la ACM. Fuente: Ajuntament Barcelona


Resulta curioso que Ada Colau todavía no se haya percatado de que en el campo procesista no goza de casi ninguna simpatía. Casi al final de su mandato como alcaldesa de Barcelona los independentistas han vuelto a darle el correspondiente sablazo.


Después de afirmar que el acto municipalista celebrado en el Ayuntamiento de Barcelona con motivo del juicio del 1-O "no es independentista" los alcaldes soberanistas han tardado poco en proferir gritos de 'independencia' y en sacar una estelada. Colau se ha quedado con cara de tonta y dejando de aplaudir.


La mayoría del nacionalismo no la traga. Y el sector que la aceptaría, el de ERC concretamente, lo haría únicamente si necesitara sus votos para lograr la poltrona de la ciudad. Pero en cualquier otra escenario no dudarían en darle la patada.


La alcaldesa se encontró con lo que casi todo el mundo sabe hace ya tiempo: para los independentistas su fin justifica los medios. Y lo que criticarían si se le hiciera a ellos lo ven normal y lícito si eso les concede ventaja sobre su enemigo. Y enemigo es todo aquel que no comulga con su ideario.


Esa doble moral que no vio -o no quiere ver- la primera edil es la que ha permitido que un grupo de alcaldes procesistas no hayan dudado en dejarla en ridículo ante la opinión pública cuando menos se lo esperaba. Pero visto lo visto quizás se lo tenga merecido, ya que no había que ser un lince para saber que en un acto con la 'Assocciació Catalana de Municipis' (ACM) controlada por el Procés pudiera suceder esto.


Ada Colau no ha sabido jugar bien el papel de la equidistancia entre ambos bandos. Por un lado se ha rodeado de gente que procesa la fe independentista y juega a dos bandas. Así Gerardo Pisarello ya ha puesto tierra de por medio viendo el probable desastre que se avecina para la reelección proyectando marcharse a Europa. También Jaume Asens ha jugado sus cartas y si Colau se hundiera no tendría problema en colocarse en el otro campo, donde está muy bien visto.


Y por el otro parece que no conoce la historia de Barcelona y como los nacionalistas desde la época de Pujol con Maragall han intentado socavar todo proyecto que no fuera el suyo. Y en la situación actual todavía más.


Colau tiene una difícil papeleta con la reelección. Pero ha sido ella con gestos nunca correspondidos quien se ha puesto a los pies de los caballos. Si juegas a la equidistancia tienes que hacerlo siendo consecuente y no dando ventaja a unos sobre otros. La falta de la misma es la que este domingo generó que uno de los bandos, precisamente al que con más cariño ha tratado, le diera la correspondiente puñalada en el Saló de Cent.


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