​El accidente en la R4 (Manresa-Barcelona) muestra que algo va mal en Catalunya

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Accidente Rodalies (Bombers)

Accidente ferroviario en Manresa. Fuente: Bombers


Segundo accidente con muertos en la misma línea ferroviaria R4 (Manresa-Barcelona) en dos meses. Lo que en cualquier lugar sería un escándalo (incluso aquí hace no tanto) aquí se toma tanto por la clase política como por medios y opinión pública con una normalidad que pasma.


Algo va mal en Catalunya, y por ende también en España, cuando lo que está en el meollo de la cuestión jamás son cosas como estas y sí el Procés o la unidad de España. Para muestra un botón: ni los 21 puntos de Quim Torra para Pedro Sánchez hacían ni una sola mención a temas de infraestructuras, transporte o cualesquiera otro tema relevante.


Y por el 'otro lado' no le van a la zaga: José Luis Ábalos afirmaba que hacía falta inversión pero que el accidente no era por ese motivo. Dos muertos y cientos de heridos en tres meses y al ministro de Fomento sólo se le ocurre decir eso. O es que no le tiene miedo a que nadie le diga nada por atreverse a decir eso.


En el Estado español ya hace demasiado tiempo que el centro de las cuestiones relevantes ha derivado hacia donde a la mayoría de la clase política le interesa. La temática nacionalista es un campo abonado para que la demagogia y la nimiedad campen a sus anchas.


Para el mal político el nacionalismo como problemática es un sueño dorado. Detenta los recursos, no se desgasta jamás aunque no mueva un dedo, tiene siempre un enemigo al que culpar y le siguen votando igual como rebaños. La bandera resulta una buena cortina en estos casos.


En Catalunya los procesistas han sido pioneros. Con una Generalitat absolutamente inoperante y dedicada a la propaganda y folklore llevan en sus poltronas desde hace años sin que nadie amenace su posición de poder. Y parece que en el resto de España algunos, especialmente la derecha (la "España de los balcones" de Pablo Casado es un buen ejemplo), han copiado el invento sin el menor reparo.


Después del martilleo que hubo durante la semana con el “relator” es curioso que la oposición catalana o española no abra la boca, más allá de los lamentos de rigor, con este tema. Y eso es un síntoma más de que no estamos viviendo en una época demasiado lúcida ni con los gobernantes ni con las alternativas.


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