​Trump usa su modelo de negocio en política internacional para intentar expoliar a Venezuela

|


Donald Trump (White House)

Donald Trump, presidente de EEUU. Fuente: Twitter White House


Un aplauso se llevó Donald Trump de ambos partidos cuando hizo mención a Venezuela en su discurso frente a la Cámara de Representantes sobre el Estado de la Unión. El millonario reconvertido en político fue hábil y no mencionó en ningún momento una posible opción militar. Sabía muy bien que ello no hubiera provocado la misma reacción amable.


Trump ha seguido hasta ahora una errática política internacional. Su diálogo con Corea del Norte y su anuncio de salida de territorio sirio (que no se ha cumplido realmente) como la parte benigna, pero una mano dura sobre lo que los estadounidenses siempre han considerado su patio trasero en territorio latinoamericano.


El tema del muro del México es un buen ejemplo. El neoyorquino tiene entre ceja y ceja construirlo a coste cero. Y cree que tiene mecanismos de presión frente al país de López Obrador para lograrlo (quizás por eso no es de extrañar la posición mexicana en el conflicto venezolano).


Otro tema es la Venezuela de Nicolás Maduro. Aquí hay negocio en materias primas y la voluntad es ir más allá para lograr unos beneficios para las empresas de EEUU y algunas otras. Si hacemos memoria cuando el actual inquilino de la Casa Blanca intentaba llegar a la posición que hoy ocupa lanzaba propuestas alocadas para algunos pero que realmente mostraban cual era su idea de política internacional.


Para Trump todo coste tiene que comportar un beneficio. Así que todo gesto, movimiento o cualesquiera esfuerzo tiene que generar un rendimiento. Y así el magnate ha desplegado esta idea en política internacional. Trump tiene un modelo de negocio para esta esfera.


Así, si tener desplegadas tropas comporta un simple gasto (como en Siria o en Corea) lo mejor es quitarse el problema de encima negociando. Pero si por el contrario hay una oportunidad clara de lograr beneficios hay que aprovecharla. Es por ello que Trump no ha dudado en pedir más implicación económica a sus socios de la OTAN. Si pone dinero quiere resultados para su país (especialmente para el sector privado).


Es paradigmático un vídeo desde su despacho privado donde Trump habla de la Libia de Gadafi antes de ser investido en plena carrera electoral. Para el presidente los EEUU deberían haber ofrecido a la oposición a este un trato respecto a su petróleo una vez que el antiguo presidente libio hubiera caído con la participación norteamericana en el derrocamiento (un 50% llega a reclamar, que debería haber sido refrendado por escrito).



Para el neoyorquino los Estados Unidos hicieron el 'panoli' bombardeando Libia para encumbrar a la oposición sin obtener nada a cambio. En el caso de Venezuela Trump ya se ha cuidado de que esto no ocurra al aliarse con la oposición a los chavistas presidida por un títere nombrado a dedo como Juan Guaidó.


Que de cara a la opinión pública se hable de “democracia” o “libertad” sin hacer mención a acuerdos económicos con las élites venezolanas opositoras no es más que el mismo quiebro que el magnate hizo en la Cámara de Representantes al no mencionar la opción militar para no herir sensibilidades de unos u otros.


Trump tiene un plan económico para beneficiarse de Venezuela. Y unos socios en el interior que pagarían a cambio del poder y otros externos que podrían quedarse con ciertas migajas o ser bien vistos para el futuro (como España u otros países de la UE).


Si los anteriores presidentes de EEUU querían la hegemonía global por varios motivos que transcendían lo meramente económico, Trump se centra en lo que ha girado durante toda su vida sin importarle otros elementos etéreos y espirituales que solo le valen como propaganda para una masa que considera estúpida (democracia, libertad...). Donald Trump quiere hacer negocio. 


   ​Sánchez ataca a Maduro y viceversa porque saben que ganan más que pierden