​Pedro Sánchez hace 'un Aznar' con Venezuela y se mete en un posible lío

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Pedro Sánchez (Twitter Pedro Sánchez)

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno. Fuente: Twitter Pedro Sánchez


Se cuenta que cuando Bush hijo le propuso a España entrar en el conflicto de Irak con todo Aznar lo primero que dijo fue que aquello cambiaba la política exterior de su país de los anteriores doscientos años de estricta neutralidad.


Aun así cambió de opinión, quizás por el gran ego que atesora el gran líder del PP y las promesas de gloria y medallas senatoriales que el 'amigo' norteamericano le ofreció el aquel 2003. Pero no mucho antes, un año tan solo, España en política exterior ya había hecho el ridículo a cuenta de Venezuela y el golpe de tres días contra Hugo Chávez no denunciando a sus promotores y teniendo que recular al poco. Y todo por contentar y agasajar a la superpotencia...


Aquello fue la tumba política de su heredero, Mariano Rajoy, y de la suya propia como referente. También sacó al PP de la Moncloa durante largo tiempo. Es curioso que una presidencia con poco paro y unos números económicos aceptables sea recordada como la de su prepotencia y su derrota. Además consiguió quizás (aunque esto puede discutirse) poner a España en la diana internacional de algunos que antes nos ignoraban, como demostraron los atentados del 11M.


No es de extrañar que los siguientes presidentes, Zapatero y su delfín Rajoy, no dudarán en distanciarse de esta política internacional y volvieran a la neutralidad que siempre había sido característica del Estado español en esta esfera.


Pues bien, hoy Pedro Sánchez ha roto nuevamente con esa línea al anunciar su reconocimiento al autoproclamado presidente de Venezuela Juan Guaidó. Los motivos que han llevado al líder socialista a tomar esta decisión son varios y variopintos.


Internamente ha creído necesario frenar el discurso del tridente de la derecha (PP, Cs y Vox) sobre su no denuncia a un régimen que estos consideran dictatorial y asesino (entre otros calificativos).


Externamente el actual inquilino de la Moncloa ha querido alienarse con la superpotencia de referencia y su aliados latinoamericanos, a la par que situarse bajo otros intereses europeos que realmente no dejan de ser los de franceses y alemanes.


No sabemos qué extrae de beneficioso España de esta decisión. Tampoco que saca en claro para los venezolanos. El Estado español respecto a este país no es un elemento extranjero cualquiera y tampoco para los restantes países que en su día fueron colonias españolas.


Sánchez ha apoyado a un señor que se proclama presidente y que no tiene legitimidad popular ganada en unas elecciones ni, lo más importante, capacidad real para ejercer la jefatura de estado del país caribeño. Guaidó simplemente está sostenido por el vecino del norte, que tiene unos estrictos intereses económicos en la región, y por las élites latinoamericanas que tienen los suyos propios. ¿Pero son los intereses de EEUU y de las élites extractivas los de España o los del pueblo venezolano?


España no lo ha hecho casi nunca bien exteriormente respecto a los países que fue metrópoli, pero al menos intentaba no meter la pata, lo que parece que sucederá ahora si la hoja de ruta de Trump no sale bien, y es bastante probable que suceda dado los aliados con los que cuenta Nicolás Maduro. Quizás a EEUU no le dé miedo el ejército venezolano, pero con Rusia y China detrás es harina de otro costal.


España no puede jugar en esa zona a la teoría del patrio trasero de EEUU o al de determinados prebostes autóctonos de Latinoamérica que hoy están y mañana no. Para que el Estado español sea respetado por unos y otros debe ser referencia de neutralidad y resolución de conflictos. Y más con países hermanos.


Hoy Pedro Sánchez quizás ha cometido un error que le puede pasar factura. Los motivos pueden ser varios y muy discutibles, como los de carácter interno frente a la derecha española. El coste de la misma puede ser alto y difícil de cuantificar. ¿Quizás la presidencia? 


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